Mis tebeos favoritos XXII: Valérian, de Christin y Meziéres

Existe una cierta tendencia al desprecio de los géneros clásicos: la ciencia-ficción, el terror, el western… parecen a ojos de muchos una suerte de “rebaja” intelectual, de desidia por parte del autor a afrontar caminos propios. Gran error, sin duda, porque ya he comentado alguna vez que los géneros no son sino grandes estructuras formales que proporcionan a los autores un punto de apoyo para contar sus historias. Es verdad que a menudo se da la tendencia a hacer género vacuo, sin relleno, género por el género, una especie de cascarón sin vida que es lo que realmente daña su consideración, pero, por fortuna, existen muchos ejemplos donde el uso del género es perfecto y da lugar a obras de calidad insuperable, como Valerian, agente espacio-temporal de Mezieres y Christin.
Cerca de su cuarenta aniversario, Valérian supone la obra cumbre de la ciencia-ficción europea en cualquier medio, desde el cine a la literatura, una obra de una importancia crucial y que, recogiendo la tradición de la literatura y cine de ciencia-ficción más clásica se ha convertido, a su vez, en un clásico que ha irradiado su influencia a toda obra de ciencia-ficción posterior incluyendo, por supuesto, la decisiva y nunca reconocida influencia sobre Star Wars.
Cuando Christin y Mezieres comenzaron las andanzas de este agente espacio-temporal en las páginas de Pilote con Les Mauvais Reves (1967), todo parecía indicar que estábamos ante una serie más tan a gusto de la época, que mezclaba la ciencia-ficción con el humor sin más ambiciones que hacer pasar un buen rato a los lectores. Una apreciación correcta para este debú, pero que sería rápidamente desmentida con la aparición de la siguiente aventura “La ciudad de las aguas turbulentas” (1968), donde se empiezan a definir las constantes de la serie: por un lado, el interés de Christin para abordar un lúcido y ácido análisis sociológico de la realidad que le circunda, con la perspectiva alejada que le permite la ciencia-ficción. Por otro, la desbordante imaginación de Meziéres, que diseña para los nuevos mundos que Valerian y su compañera Laureline exploran desde la arquietectura a la biología. Una combinación que se complementa a la perfección y que permite el inicio de una las aventuras más sugerentes de la historia del cómic.
Ya desde este primer momento la serie despega en un ascenso imparable de calidad. Meziéres va perfeccionando su estilo de dibujo, abandonando poco a poco la todopoderosa influencia de Jijé para conseguir una forma propia, vigorosa y de gran fuerza, de línea suelta y fresca. Y Christin, por su lado, va agudizando su pluma, afrontando historias de humanismo desbordante, que critican con inteligencia desde la corrupción política a la degradación del medio ambiente, pasando por la injusticia de las guerras o la estupidez del machismo. Cada álbum es una nueva sorpresa y una delicia sin par.
El embajador de las sombras supone el comienzo de un ciclo de álbumes de calidad impresionante, donde el binomio Meziéres-Christin alcanza una perfección casi insultante y que llega a su máxima expresión en los álbumes Metro Chatelet Dirección Cassiopea y Brooklyn Station Termino Cosmos, posiblemente los mejores de la serie y donde ésta se dirige a un punto de inflexión decisivo. En una compleja trama, Christin es capaz de abordar un cambio profundo en el tratamiento de los personajes principales, Valerian y Laureline, y su relación, sin dejar de lanzar sus dardos envenenados contra la ferocidad fagocitaria de las multinacionales. Un argumento que es interpretado a la perfección por Mezieres, consiguiendo algunas de las mejores planchas del tebeo francobelga. Los dos siguiente álbumes, Los espectros de Inverloch y Los Rayos de Hipsys, cierran el largo ciclo aventurero de los agentes de la agencia Galaxity y redefinen finalmente la serie, con unos personajes ahora libres de ataduras que vagarán por el universo. Un punto que marca también el comienzo de una lenta decadencia de la serie, que si bien nunca ha dejado de ser interesante, no volverá ya a alcanzar los límites creativos anteriores.
Pero independientemente de su situación actual, los doce primeros álbumes de Valérian conforman un bloque de una calidad insuperable, que han cambiado completamente la forma de entender la ciencia-ficción. La estética de Valerian es decisiva para películas como Star Wars (que plagia sin piedad conceptos como la taberna galáctica) o Blade Runner; influye decisivamente en otra de las grandes sagas del cómic de la ciencia-ficción, El Incal, de Jodorowsky y Moebius (e incluso en el Dani Futuro de Carlos Gimenez) y no es desdeñable su influencia sobre series de TV como Babylon 5 o las nuevas entregas de Star Trek.

Ediciones en España
Valerian fue publicada en España hasta el álbum número 18 por Grijalbo, con su habitual e incomprensible política de desordenar las entregas (el primer álbum se corresponde con el sexto de la numeración española, etc), que publicó también el delicioso Los habitantes del cielo. Atlas cósmico de Valerián y Laureline, una especie de enciclopedia de las razas creadas por Mezieres para la serie.
Aunque esta edición está completamente agotada y es muy difícil encontrar ejemplares, la buena noticia es que Norma Editorial recuperará la serie y comenzará a publicarla a partir de Marzo de 2006 en una nueva edición, corregida y controlada por los autores, en tomos que recopilan tres álbumes de la serie cada uno.

Enlaces
– Excelente artículo de Pepo Pérez para U#23
– Sitio sobre Mézières
– Artículo de Rafa Marin en Bibliopolis

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