Algunas lecturas del Salón del Manga

Y comenzando, por lógica, por los mangas parece evidente que la primera obra que comente sea MW de Tezuka (Planeta), de la que sólo puedo decir una cosa: magistral. MW pertenece a esa etapa del autor en la que quiso demostrar que era capaz de hacer historias adultas a la manera del gekiga que Tatsumi y otros autores practicaban. ¡Y vaya si lo demostró! Porque MW es una brutal, contundente y durísima descripción de la corrupción política y sus derivados: la mentira, la envidia, el uso del ser humano como una simple moneda de cambio para los intereses de los poderosos… A lo largo de las casi 600 páginas de esta voluminosa obra una historia de venganza es la excusa argumental para dar un repaso a la hipocresía de una sociedad que permite que la corrupción campe libremente mientras alaba la riqueza fácil o que ataca el amor homosexual permitiendo las uniones que sólo buscan el poder. Al igual que en Ayako, en MW no hay héroes, pero tampoco villanos. Hay seres humanos que pervierten su comportamiento por la ambición del poder, pero que se muestran humanos y por tanto, frágiles y volubles. Quizás el único pero que se le puede poner es la excesiva teatralidad de su personaje principal, Michio Yuki, afectado por el gas tóxico MW en su infancia y dispuesto a acometer su terrible venganza al precio que sea. Una gran obra (4).
La segunda lectura, el reencuentro con Minetaro Mochizuki, el autor de Dragon Head, que vuelve a nuestras librerías con una obra de terror psicológico desasosegante, La mujer de la habitación oscura (Glenat). Un punto de partida más que habitual, el acoso al que se ve sometido un joven estudiante por parte de una extraña mujer (bien exprimido en la literatura o cine, recordemos Atracción fatal, por ejemplo), es aquí retorcido para extraerle todo su lado más enfermizo, consiguiendo una obra asfixiante, terrorífica, que nos mantiene en una constante de locura y tensión. Sabida era la habilidad de este autor para dejar al lector expectante a lo largo de una serie, pero en un solo volumen esa capacidad se condensa y agudiza hasta que la ansiedad se mezcla con la zozobra de lo desconocido para llevarnos directamente al miedo. Un buen ejemplo de cómo las obras que llegan de Oriente están revolucionando el género. (3)
Y la tercera, la curiosa Cat Shit One, de Motofumi Kobayashi (Glenat), que narra a modo de documental episodios de la guerra de Vietnam siguiendo a un comando de operaciones especiales de los marines americanos. Kobayashi contrasta el naturalismo de las situaciones, basadas siempre en hechos reales, con la elección de representar a los soldados como conejos y a los vietnamitas como gatos. Una opción discutible, tanto por la referencia directa al Maus de Spiegelman como por la asimilación de las tropas americanas como conejos a manos de los gatos, una visión que puede entenderse sólo desde el punto de vista de los americanos, pero difícilmente desde una perspectiva distinta. Pese a todo, puede ser una lectura interesante para los aficionados al género bélico y los interesados por el conflicto vietnamita. (1+)

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