Impresiones de un Salón del Manga

Pocas impresiones se pueden sacar de una visita tan fugaz como la que hice el sábado, pero puedo aseguraros que fueron sólidas y consistentes.
La primera, la impresionante cantidad de visitantes que atiborraban el recinto de La Farga de Hospitalet. Una auténtica marea humana que hacía prácticamente imposible moverse por los pasillos o siquiera acercarse a algunos de los stands más visitados. Desde luego, una aspecto muy distinto al que se tenía el sábado en el Saló del Cómic de Junio. No sé cuales serán las cifras oficiales que FICOMIC dé el miércoles, pero si la cifra es inferior a los visitantes del Saló de Junio, tendremos que poner en tela de juicio una de las dos.
La segunda, una sensación de alegría contagiosa que no se ve en otras citas comiqueras. Los asistentes al Salón del Manga se divierten con el manga, se ríen, juegan, se disfrazan, cantan… participan, en resumen, de una verdadera fiesta de los tebeos. No existe esa sensación de gran quiosco de venta, sino de evento festivo que, además, tiene venta de tebeos. Debo reconocer que no soy capaz de ir disfrazado de Naruto o Son Goku sin que se disparen todas las alarmas de mi exagerado sentido del ridículo, pero me invade una sana envidia al ver lo bien que se lo pasa la gente en este tipo de citas ‘mangueras’.
Y la tercera, la clara y evidente sensación de estar ante una nueva generación de aficionados al cómic que reemplazará a la actual. La media de edad de asistentes al Salón del Manga era evidentemente inferior a la del Saló de BCN. Muchos, muchísimos niños (y niñas) y gente muy joven, adolescentes en su mayoría, que contrastan con los ya machuchitos que poblamos la otra gran cita barcelonesa.
Desde luego, las pocas horas que he estado allí me han dado muchísimo optimismo ante la situación futura del tebeo en España.

Y para acabar, una nota curiosa, el hecho de que Planeta DeAgostini tuviese un stand de promoción donde no se hacía venta. Es verdad que no eran muchas las novedades de manga de la editorial, pero se ha roto una tradición de venta directa en salones que se sustituye por la promoción. Una actitud que a buen seguro es bienvenida por las librerías, que siempre han criticado duramente que las editoriales vendan directamente en los eventos comiqueros.

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