Lecturas: You are Here

Tras la maravilla de Why I hate Saturn, uno de los mejores tebeos publicados en los 90, Kyle Baker tenía el listón puesto muy alto. Su análisis acertado de una generación era el punto más brillante de una carrera que se auguraba como espectacular y que sorprendentemente, se truncó cuando Baker decidió dejar el cómic y dedicarse a la televisión. Nos dejó huérfanos durante casi una década hasta que DC anunció que la línea Vertigo acogería una nueva obra suya: You are here.
¡Y menuda sorpresa! Baker se redefinió a sí mismo y nos dejó a todos encandilados con una obra en la que se resumían todo lo que había aprendido en sus años en la televisión y la animación, un tour de force narrativo donde los recursos del mejor cine de persecuciones y enredos eran trasladados al cómic en un alocado guión que no deja lugar al respiro. La historia de un ladrón redimido por el amor que es perseguido por un asesino psicópata que quiere saldar viejas cuentas es tan sólo un pretexto para jugar con el lenguaje de la historieta, partiendo de los recursos narrativos del storyboard y transformándolos a su criterio, consiguiendo secuencias de un dinamismo impactante, de una velocidad contagiosa. Baker resume en You are here influencias que van del slapstick a Chuck Jones y Tex Avery, pasando por el cine negro de los años 40, pero reconstruyéndolos en un seguido de nuevas técnicas que nunca antes se habían unido en el cómic.
Si la lectura de You are here es un entretenidísimo y divertido ejercicio, todavía más fructífero resulta pararse a descubrir las bambalinas de la obra: su uso del cromatismo como vehículo narrativo; el texto separado que llega a alcanzar su propio protagonismo (esa secuencia genial en la que todos hablan a la vez y en la que el contraste de la acción dibujada y el texto toma forma propia); las secuencias de acción, vertiginosas gracias al cuidado de la composición; la genial gestualidad de los personajes (incluyendo la genial interpretación de Robert Mitchum, deudora del aterrador reverendor Harry Powell)…
Es verdad que hay algunos detalles chirriantes, derivados siempre del ominoso momento en el que Baker descubrió los ordenadores y el Photoshop (uno de esos episodios a borrar de la historia), pero son todavía pequeños detalles sin importancia frente al cúmulo de aciertos que encierra la obra (no como lo que pasará más adelante con King David, donde destroza todo su dibujo).
No os la perdáis. (4)

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