De plantas varias (I): Orquídeas

Recuerdo yo que, a finales de los 80, me estaba reconciliando con el género superhéroico gracias a tipos de la calaña de Frank Miller y Alan Moore. Y viendo lo que se publicaba por aquí y lo que se decía en las pocas revistas que llegaban de allá, de los status, me dio por lo de probar a comprar cosas que no se estaban editando por aquí directamente en su idioma bárbaro. No era nuevo en estas lides, todo sea dicho, porque servidor ya estaba acostumbrado a arramblar con todo lo que podía (económicamente hablando) en la lengua de las galias cada vez que pisaba Continuará, pero el inglés era un idioma demasiado bárbaro para mí, identificado con estudio y trabajo y no con la elegancia francesa. El caso es que me decidí a probar y nada mejor que andar sobre seguro, así que lo hice con Black Orchid (Orquídea Negra), una obra de Neil Gaiman y Dave McKean, señores que me habían impresionado poco antes con Violent Cases (en su edición de Escape) y que además, eran ingleses debutando en la DC. Por aquello de ir poco a poco.
Digo todo esto porque os hagáis una idea de los recuerdos y cariño que tengo a esta serie, casi un hito en mis compras en idiomas foráneos, y lo a gusto que me he quedado cuando he vuelto a releerla en la edición que acaba de publicar Planeta DeAgostini.
Sin embargo, y pese al cariño que le tengo, no puedo evitar recuperar casi uno a uno todas las sensaciones que me dio su lectura hace ya más de 15 años. No se puede negar la habilidad de Gaiman al guión y la exquisitez de McKean a los dibujos, eso es evidente, pero esta renovación del clásico personaje de la DC está demasiado lastrada por la influencia del Swamp Thing de Moore. Gaiman intenta mimetizar los pasos seguidos por el de Northampton en su reescritura de la creación de Wein y Wrightson, dotando a Orquídea Negra de un carácter mitológico, también dentro de ese universo primordial botánico. Pero “Lección de Anatomía” es un ejercicio de magistralidad y en la inevitable comparación Gaiman pierde en casi todos los frentes: la historia se alarga en demasía, los personajes necesitan demasiado tiempo para arrancar y definirse… Sin el referente previo, seguramente el sabor de la lectura de Orquídea Negra sería mucho mejor, pero su existencia nos lleva ineludiblemente a un “deja vu” demasiado importante como para no considerarlo en el resultado final.
Pierde en el enfrentamiento con un soberbio tebeo, pero eso no quita que se pueda seguir disfrutando de su lectura. Gaiman escribe bien y McKean lo comprende como pocos, en una química que pocas veces se da a estos niveles entre guionista y dibujante, atendiendo a excelentes momentos que son la transición entre Violent Cases y sus posteriores colaboraciones y que anteceden a ideas y conceptos que luego veríamos en Sandman. (2)

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