De plantas varias (II): Árboles.

Lo digo, lo repito y a este paso me lo tatuaré: Tezuka es mi gran descubrimiento de la última década. Y que conste que lo digo con vergüenza y sonrojo, porque esa frase es, en el fondo, una aceptación de incultura tebeística de grado sumo.
Pero poco a poco intento reparar la terrible laguna que existía en mis lecturas devorando cualquier cosa que se edite en España de este magistral autor. Y toca el turno al primer volumen de El árbol que da sombra (Planeta DeAgostini), una incursión en el género histórico que se centra en el apasionante periodo del fin del shogunato a mediados del s. XIX. Tezuka toma como protagonista a su propio abuelo, médico que intentaba introducir las nuevas técnicas occidentales (‘holandesas’). Una elección apropiadísima porque es un paradigma perfecto del enfrentamiento entre tradicionalismo y modernidad que vivía la sociedad japonesa durante este convulso periodo. Con este punto de partida, Tezuka construye un documentadísimo fresco de la vida japonesa, demostrando su endiablada habilidad para reflejarnos la situación política y social de la época a la vez que nos narra la historia de su abuelo, desplegando su pericia narrativa en todos los frentes: desde las arriesgadas composiciones de página a la milimétrica superposición de varias tramas que confluyen a la perfección.
Una lectura apasionante, entretenidísima y didáctica…¿qué más se puede pedir? (4)

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