Bonelli, doctor honoris causa

Una noticia curiosa: según informa La Vanguardia, Sergio Bonelli, el propietario de la editorial italiana que lleva su apellido, ha recibido el doctorado honoris causa por la Universidad romana de La Sapienza, reconociendo los abundantes méritos de este incansable editor de fumetti. Según comenta Xavier Pérez en su artículo, “el empeño de Bonelli y de su escogido equipo de escritores y dibujantes para convertir esos diminutos y baratísimos fumetti en blanco y negro en espejos de los sueños y pesadillas de su época ha constituido un triunfo cultural sin fisuras a lo largo de las últimas décadas, desde que, en los años sesenta, asumió la labor creativa y editora iniciada en los cuarenta por su padre Gian Luigi”.
Una agradable sorpresa y todo un reconocimiento a la cultura popular.
Por cierto, que os recuerdo que Aleta publica todos los meses los tebeos de Bonelli… ;)
Gracias a David Cuadrado por el enlace

Novedades Dibbuks diciembre

(*)– La Chica Perdida, de Nabiel Kanan. Formato de 17 x 24. 96 págs. en b/n. 10.- euros.

(*)– Henri, hijo de sus padres, de Mathis. Formato de 17 x 24. 52 págs. en b/n. 10.- euros.

(*)– Dani & Co., de LuisD. Formato 17 x 24. 48 págs. a color. 12.- euros.

Y para los primeros meses del 2006:
– El Liderazgo Ilustrado, de Ricardo Machuca y Javier Baltanás. Color. Colección ilustración.
– Tres días en Europa, de Antony Johnston y Mike Hawthorne. Colección cómic.
– Far West, de Richard Moore. Colección cómic.
– Los Seres Extraordinarios de Tino Gatagán. Colección ilustración.
– Un cumpleaños turbulento, de Nabiel Kanan. Colección cómic.
– Billy Bob, de Manuel Castaño y José Fonollosa. Colección cómic.

Pupurrí de lecturas

Se van acumulando algunas lecturas, así que lo mejor será ir comentándolas, que en nada viene el tsunami navideño de novedades y algo me dice que vamos a terminar ahogados en tebeos. Que no descarto yo que tras estas navidades me entre una tebeofobia por reacción a los empachos tebeísticos…

Y comienzo por una serie que me fascina: acabo de leer Le paradis terrestre (Dargaud), la cuarta entrega de El gato del Rabino, y no puedo más que descubrirme. La cuarta entrega de esta serie rompe radicalmente con las tres anteriores, vuelve a su Argelia natal y se centra en El malka de los leones, creando un cuento de cuentos, una pirueta narrativa en la que ficción y realidad se mezclan sin que en ningún momento sepamos muy bien dónde nos encontramos. ¿Quién nos cuenta la historia?¿Sfar o el malka? Lo único cierto es que la capacidad de fabulación se transmuta en protagonista de la historia, hasta que Sfar nos despierta del ensueño bruscamente, con un baño de realidad que nos enfrenta a la cruel realidad y que aprovecha para hacer una durísima invectiva contra los que defienden la violencia del enfrentamiento antes que el diálogo. Sfar demuestra sobradamente que es uno de los grandes autores de historieta de este milenio. Esperemos que Norma edite este magnífico álbum lo antes posible en España. (4)
ACTUALIZACIÓN: Norma lo editará para el día del libro de 2006.
Pero la fascinación perdura con la siguiente de mis lecturas, también parte de una serie. La oficina de desechos postales (Devir) es la quinta entrega de la magistral “La peor banda del mundo“, del portugués José Carlos Fernandes. La misma estructura de historietas de dos páginas pero en la que encontramos como, poco a poco, Fernandes ha ido cambiando el tono de las historias, desde ese espíritu borgesiano de la primera entrega a esta última donde cada pequeña anécdota se nos va revelando como parte de un inmenso mecanismo de intenciones ignotas. Dice el autor en una de sus historias, el ser humano busca patrones en el caos, una necesidad casi fisiológica de encontrar orden y que justifica la existencia de la novela como contrapunto de orden al caos de la realidad. Una máxima sugerente como pocas que se me antoja la base de esta “oficina de desechos postales”: pequeñas historias abiertas que demuestran el caos de la vida, la terrible trascendencia de los pequeños detalles de nuestra existencia, capaces de cambiar vidas por completo. Fernandes, transformado en cartero de esas pequeñas ilusiones que cambian de mano, juega a prestidigitador de futuros con el espíritu de un niño travieso, intercambiando destinos, creando futuribles que quizás pasen a ser presentes y pasados. Una obra inmensa, que consigue que el lector se adentre en esas puertas abiertas que deja Fernandes al final de cada historia, un regalo para nuestra imaginación. (4)
Sigo con las series, Canta Conmigo (Planeta DeAgostini), segunda entrega de El club estéreo de Rudy Spiessert y Hervé Bourhis y que sigue fielmente el camino iniciado en “Britney Forever“. Si en ese álbum satirizaba el mundo de la crítica musical, aquí construye una feroz sátira contra la industria musical moderna, contando la historia de Didier, un pobre desgraciado cuya única ilusión en la vida es ser cantante. Pero sin talento musical ni un físico atractivo, su carrera musical parece abocada al fracaso absoluto… hasta que un golpe de suerte le hace millonario. Spiessert y Bourhis atacan sin piedad a una industria que crea ídolos de la nada, machacando ilusiones para llenar bolsillos y que hace tiempo que abandonó el interés por la música. Una amarga crítica que no deja títere con cabeza, pero que reconoce desde el principio su futilidad. (2+)
Y para acabar, sigo emperrado en encontrar algo donde no lo hay, porque en una muestra de masoquismo reiterativo, me leo Regreso a Barrow, de Templesmith y Niles (Devir), nueva entrega de la exitosa 30 días de noche. Y pese a que podría pasarme un buen rato regodeándome en lo malo que es Templesmith y el concepto chicle Boomer de la historia que tiene Niles, prefiero resumir la crítica a una forma escueta, perfecta y muy directa: un (0).