Qué atrevida es la ignorancia…

Me cabrea mucho la ignorancia voluntaria. Esa ignorancia que se refocila en su desconocimiento y que provoca atrevimientos ridículos y patéticos. Aunque me temo que soy minoría en esto y que la experiencia está dictando que, cada vez más, es ése el comportamiento social a seguir. Los ejemplos están por doquier, aunque todavía existe la esperanza de algunos que reaccionan con el argumento de la razón.
Claro que, si de normal me cabrea este comportamiento, cuando toca el tebeo de mis amores me enciende hasta la explosión.
Así que me calmaré porque, tras leer la crítica de Alejandro Gándara en la web de El Mundo a la edición de Anagrama de Ciudad de Cristal, mi enfado alcanza cotas pocas veces recordadas.
Leer la reseña no tiene desperdicio, y tanto en Cisne Negro como en Con C de Arte han dado cumplida cuenta de las perlas con que se nos regala. Es, en resumen, una crítica vacua que sólo se entiende como ejercicio de onanismo, en la que el crítico se mira ante el espejo y se ve como el salvador de la literatura moderna.
No me fastidia que el crítico no sepa de tebeos, es la costumbre y uno ya ha hecho callo de este tema. La tradición dicta que cualquier artículo sobre tebeos que aparezca en un periódico va a tener errores que irán de lo garrafal a lo perdonable, es habitual. Lo que me encrespa es que el susodicho Gándara esconde con manierismos un desconocimiento profundo del mundo del tebeo, que quiere vender a sus lectores como la sentencia de un experto reconocido en tebeos. Frases como “Lo curioso es que el producto se ha instalado en un terreno que no es el de la literatura ni el de la historia gráfica, ni tampoco es el terreno intermedio. No hay virguería icónica ni prosapia” pueden epatar a alguien que no sepa lo que es la historieta, aunque lo dudo, pero expresan a las claras que este señor no ha entendido ni los Mortadelos que con seguridad se leía de niño, única excusa ésta que podría justificar una perla como su definición de Novela Gráfica frente a cómic: “La designación de novela gráfica suele dar a entender una traducción a imágenes, mientras el cómic vierte una historia autónoma donde la literatura es derivada (y a menudo de coña)“.
El corto texto es toda una demostración de estar en la inopia tebeística, un seguido de absurdos que buscan deslumbrar a no se sabe muy bien quién.
Una vergüenza, en pocas palabras.
Supongo, espero y ansío que el reconocimiento del tebeo por parte de la cultura oficialista no sea a costa de muchas más perlas como ésta, porque si esto es un ejemplo del futuro que nos espera, señores, yo me bajo y dedico el blog a los problemas de la cría del calamar en aguas mediterráneas. Que por lo menos más nutritivo será.

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