Onliyú

La primera de las lecturas de la inmensa pila de novedades estaba decidida desde hace mucho, desde el primer día que se anunció: Onliyú, memorias del underground barcelonés, primer capítulo de la vida y obras de Onliyú, protagonista en primera persona de esa época y responsable de la mejor etapa de la revista El Víbora, donde daba cumplida cuenta de su genialidad en la obligatoria sección Komekomix con la que se iniciaba la revista. Treinta años después, la visión de Onliyú sobre aquellos años es capaz de conjugar la ternura de la nostalgia con la corrosiva reflexión del que mira atrás con cierto desengaño del pasado. Evitando el historicismo o la rigurosidad en las citas, Onliyú nos habla de sus recuerdos de juventud, desprovistos ahora de los adornos de la mocedad, pero deformados también por la maceración del tiempo, logrando reflexiones de madurez que no dejan de ser juicios lúcidos sobre una época en la que la locura desatada dejó pasó a algunas de las personalidades creativas más interesantes del cómic español. Las páginas de estas memorias nos hablan de Mariscal, de Nazario, Montesol, de los tebeos del Rrollo, del Nasti de Plasti, de Pepicheck, de la movida hippy ibicenca, de la dictadura del tío Paco, de las películas de Perpiñán… tebeos, creación, sociedad e historia mezclados de forma indisoluble, como debe ser, porque es imposible entender los tebeos sin saber su coyuntura, pero también porque no conoceremos realmente una sociedad sin saber de sus tebeos. Una lectura obligatoria que nos da la visión desde bambalinas de ese otro interesante título de Pablo Dopico, “El cómic underground español”, publicado por Cátedra.
Podéis leer el prólogo y el primer capítulo aquí.

Compulsión

Puente (acueducto mas bien) consumista habemus. El bombardeo de publicidad que nos ataca desde todos los flancos surte sus efectos y sentimos como una pulsión nace desde lo más profundo de nuestro ser, una onda sísmica que se propaga por nuestro cuerpo hasta llegar a nuestras manos, en sincronía como nunca con nuestros ojos y la temida frase: “lo quiero”. Y como en el bolsillo descansa todavía calentita la paga del mes, toda esa conjunción de elementos colapsa de forma fatal en la única salida posible a nuestra zozobra: ¡comprar! Una situación todavía más grave en el lector de tebeos, coleccionista afanoso en la mayoría de los casos, con un reflejo condicionado pauloviano hacia la adquisición de todo aquello que ponga”novedad” en su librería especializada.
Da igual que nuestro sueldo sea exiguo o generoso, que nuestra familia no tenga ni un mal mendrugo que llevarse a la boca en nochebuena… los tebeos son lo primero. El ansia infecta cada célula de nuestro ser, cientos de novedades, los ojos se salen de las órbitas en requiebros extraños detrás de todas las portadas.”No lo tengo, no lo tengo…” nuestra respiración se afana, nuestros brazos alcanzan el límite de aguante, acumulando tebeo tras tebeo, vemos con horror como él, el enemigo, intenta agarrar ese único ejemplar que queda en el anaquel de esa serie que, seguramente, ni leeremos, pero necesitamos como el oxígeno…
Doscientas novedades en las estanterías, malos tiempos para el lector de tebeos.
Y después, ermitañado en nuestra casa, ordenando el ritmo de lecturas…