Compulsión

Puente (acueducto mas bien) consumista habemus. El bombardeo de publicidad que nos ataca desde todos los flancos surte sus efectos y sentimos como una pulsión nace desde lo más profundo de nuestro ser, una onda sísmica que se propaga por nuestro cuerpo hasta llegar a nuestras manos, en sincronía como nunca con nuestros ojos y la temida frase: “lo quiero”. Y como en el bolsillo descansa todavía calentita la paga del mes, toda esa conjunción de elementos colapsa de forma fatal en la única salida posible a nuestra zozobra: ¡comprar! Una situación todavía más grave en el lector de tebeos, coleccionista afanoso en la mayoría de los casos, con un reflejo condicionado pauloviano hacia la adquisición de todo aquello que ponga”novedad” en su librería especializada.
Da igual que nuestro sueldo sea exiguo o generoso, que nuestra familia no tenga ni un mal mendrugo que llevarse a la boca en nochebuena… los tebeos son lo primero. El ansia infecta cada célula de nuestro ser, cientos de novedades, los ojos se salen de las órbitas en requiebros extraños detrás de todas las portadas.”No lo tengo, no lo tengo…” nuestra respiración se afana, nuestros brazos alcanzan el límite de aguante, acumulando tebeo tras tebeo, vemos con horror como él, el enemigo, intenta agarrar ese único ejemplar que queda en el anaquel de esa serie que, seguramente, ni leeremos, pero necesitamos como el oxígeno…
Doscientas novedades en las estanterías, malos tiempos para el lector de tebeos.
Y después, ermitañado en nuestra casa, ordenando el ritmo de lecturas…

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