HUMO (negro)

De Juanjo el rápido siempre se pueden esperar cosas buenas. Tras sus últimas experiencias, Idiota y diminuto y TOS, es evidente que este hombre tiene gusto y sabe lo que quiere, por lo que HUMO no sorprende a los que seguimos su trayectoria. Diseño exquisito para una serie de firmas solventes que exploran la vanguardia gráfica. Este primer número tiene pequeñas maravillas como las de Toño Benavides, Lola Lorente, Jali o Juan Berrio, espléndidos como siempre. Gamberradas como las de Lorenzo Gómez, explotando una vis cómica que ya se dejaba ver en sus historietas; o un Santiago Valenzuela que explora historias levíticas para conseguir una de las historias más profundas y personales que recuerdo en años.
No se puede objetar nada a la selección de autores y, mucho menos, a sus historias.
Sin embargo, creo que el mayor problema que tiene HUMO es precisamente la falta de sorpresa, todo lo que encontramos en ella es la prolongación de las anteriores experiencias, encallada quizás en las tranquilas aguas de quien sabe que tiene un equipo de mucha calidad. Pero de una revista como HUMO se debe esperar muchísimo más, se debe evitar ese paradójico conservadurismo que contrasta con la radical búsqueda gráfica de sus autores. Creo que es casi exigible que una revista de estas características explore nuevos caminos, que abra sus páginas a nuevos autores y autoras. Aunque soy admirador irredento de la mayoría de los autores que publican en este número de estreno, creo que la lectura de HUMO deja el regusto amargo de lo “ya visto” (ojo, repito, no por las historias, en general excelentes, sino por la línea de la revista).
A mi entender a HUMO le falta el espíritu combativo de un Nosotros Somos Los Muertos, esa obligación de superación constante, de saltar sin red.
Es evidente que HUMO es una apuesta personal, en la que nadie se va a hacer millonario, ni director, ni editor ni autores, pero precisamente por eso, por esa falta de presión, hay que probar el tripe mortal sin red.
Queda mucho por delante y, con Juanjo detrás, todavía hay sitio para ese triple. E incluso cuádruples.
Eso sí, independientemente de esta sensación, que es una opinión personal, lo que es objetivo y para dar collejas hasta decir basta es la pésima calidad de reproducción. Sorprende muchísimo que el cuidado diseño haya sido masacrado en imprenta, con todos los grises quemados de forma salvaje. Es para llorar ver como lo que parece una preciosa historieta de Raquel Alzate se convierte en un seguido de viñetas negras en las que no se ve nada (¡pero si parece el Jinx!), o cómo los trazos de Toño Benavides se han convertido en brochazos… mas que delicado HUMO, parece como si un alud de carbón hubiese caído sobre la revista. Una verdadera pena porque creo que es la primera vez que veo algo así en esta editorial.

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