Ráfaga de reseñas

Como vienen muchas lecturas, hay que resumir, así que os hago reseña rápida de algunos tebeos que forman parte de series ya ampliamente comentadas por aquí:
Shade 3, de Milligan y Bachallo (Planeta deAgostini). Comienza por fin lo mejor de la serie, que siguiendo su extraña evolución cronológica, deja atrás los delirios lisérgicos de los 70 para entrar en la América de los 80, la época del nuevo conservadurismo de Reagan. Pero, a la vez que desata sus lacerante crítica contra esa américa profunda conservadora y puritana, se inicia también una exploración de los tres personajes principales, comenzando con Shade, que debe enfrentarse a su alter ego humano. Milligan se asienta en el guión y demuestra que es capaz desarrollar personajes vitales, complejos, contradictorios, difíciles… humanos. La saga American Scream comienza a dar lo mejor de sí (3+).
20th Century boys #12, de Naoki Urasawa (Planeta deAgostini).Impresionante. Alucinante. Increíble. Qué habilidad para desarrollar paralelamente las tramas en tiempo y espacio, confluyendo lentamente y obligándonos a seguir su ritmo hasta esa última viñeta que, en el fondo, deja completamente abierta la historia. Urasawa vuelve a ejercer de prestidigitador de la narración con una maestría incontenible. Una extraordinaria serie (4).
Kane 5, de Paul Grist (Dolmen). Lloros desconsolados ante lo que es la última entrega, hasta el momento de esta serie. Grist vuelve a demostrar su portentoso dominio de la narración en esta impecable serie de género negro. Tramas múltiples, personajes carismáticos, todo hilvanado con precisión de relojero. No es Grist un experimentador, sino un sabio oficiante que toma los recursos del medio y los exprime hasta sacarles la última gota de su jugo. Ya lo he comentado muchas veces: una de las mejores series negras de los últimos años. No os la perdáis (4-).
Las cosas de Alex y Ana 2, de Ales (autoeditado), es el segundo recopilatorio de las tiras que publica Ales en su página web sobre su vida en pareja. Es casi irresistible la comparación con la creación de Fontdevila, pero sería una gran injusticia. Primero porque Fontdevila ha recorrido ya un largo camino que lo coloca como uno de los grandes autores españoles actuales, mientras que Ales tiene todo ese camino todavía por andar. Y segundo, porque las tiras de Ales tienen el desparpajo y la frescura de quien hace algo para pasar un rato, jugando con el formato y aprendiendo, más como una especie de diario personal que como una serie “profesional”. Y como en toda vida, hay de todo, como en botica, pero un buen ratillo se pasa leyéndolas. (1)

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