Eisner vs. Miller (again)

La publicación del libro EISNER/MILLER de Dark Horse me daba pánico. Y no era para menos tras la horrenda traducción del Comic Shop Talk que publicó Norma hace unos meses, masacrando un excelente libro. Afortunadamente, Norma ha sabido reaccionar y ha encargado la traducción a Raúl Sastre, uno de esos traductores que cuida su trabajo. Por lo menos, ha demostrado salir airoso de complejas traducciones y saber de tebeos, que es lo menos que se puede pedir en estos casos. Así que, aun no habiendo leído la edición en castellano todavía, me atrevo a augurar que no se volverán a dar los errores de antaño (a ver si Norma se atreve a una segunda edición del Shop Talk…, pero traducida por Sastre).
Y respecto al libro, os corto y pego lo qu eya dije en su día de la edición americana:

Maravillado estoy con la lectura del libro EISNER/MILLER, publicado por Dark Horse y que contiene una larguísima conversación entre dos monstruos de la historieta: Will Eisner y Frank Miller. Dos autores que debaten sus ideas con absoluta libertad y que hacen un lúcido repaso a todo aquello que tiene que ver con la historieta, desde los aspectos creativos a los industriales. Un choque de titanes de dos autores que mantienes posiciones enfrentadas en muchos casos, pero que nunca ocultan el respeto casi reverencial que se profesan mutuamente y que favorece que todos y cada uno de los temas que se tratan obtengan resultados interesantes. Pero tampoco hay que olvidar que, además, ambos tienen en común una incontenible pasión por los tebeos. Una pasión que se destila en todas y cada una de las páginas, en las que comprobamos que tanto en la faceta de creadores como en la de lectores, los dos autores son expertos consumados. Es difícil resaltar algo de este libro en particular, ya que todo él es un manual perfecto para entender la historieta y su mundo.

Adiós Moebius, bienvenido Mr. Giraud

Es curioso, pero la lectura de Dust, la esperada conclusión de la saga de Mister Blueberry me ha producido más reflexiones sobre el propio Jean Giraud que sobre la serie. Que no se me malinterprete, es un excelente colofón a una saga más que interesante, con algunos momentos verdaderamente geniales (como el duelo en el OK Corral), pero también con algunos problemas de ritmo a la hora de compaginar simultáneamente la revisión del mito de Wyatt Earp con el recuerdo de la historia del encuentro del joven Blueberry con Gerónimo. Un ciclo afrontado en solitario por el dibujante y en el que muy pocos tenían esperanzas. Reconozco que yo mismo dudaba de la capacidad de Giraud a la hora de aislarse de las locuras de Moebius para afrontar este ciclo. Pero debo admitir que me ha sorprendido con un sólido guión, en la mejor tradición del western y muy alejado de las excentricidades edenistas a las que nos tenía acostumbrados.
Pero como decía al principio, creo que este Dust esconde claves sobre la dualidad Moebius/Giraud. Con casi 70 años, Giraud sigue teniendo un pulso increíble, con viñetas y páginas de una calidad soberbia, pero parece como si la vejez le hubiese llevado a reflexionar sobre su larga carrera y a elegir Blueberry como su gran obra, su verdadero alter ego. O por lo menos es lo que se puede deducir de una viñeta en la que el autor habla claramente a través de uno de sus personajes. En la página 31, el periodista Campbell, dedicado a escribir las aventuras de Blueberry dice “El incidente de ayer tendrá al menos un mérito: ¡El de hacer que me haya dado cuenta de lo mucho que dependo de nuestra historia!¡He tomado una decisión Blueberry!…¡Llegaremos hasta el final!”. Y justo al final del bocadillo, la firma de Giraud, como refrendando una por una las palabras. Parece como si Giraud hubiese sentenciado el final de la dualidad, relegando a Moebius para dedicarse en exclusiva a este nuevo Blueberry, que deja todas sus alforjas para comenzar nuevas aventuras al grito de “Estoy arruinado, ¡pero vivo!” . Un final abierto que explica claramente esa portada de un Blueberry desafiando al lector. Toda una declaración de intenciones que demuestra que Giraud ha superado la falta de Charlier para volver con fuerza a lo que sin duda es una de las mejores series de la historia. (4-)
Bienvenido Mr. Giraud.

Polvorones y zombies

Joer lo que pesan los atracones prenavideños, esa especie de entrenamiento previo que permite la máxima distensión de los músculos estomacales, a los que someteremos a tensiones extremas durante estas dos semanas. El problema es que una tarea tan intensa y desmedida provoca un caudal brutal de sangre a la zona digestiva, que suele salir de ese órgano tan poco usado estos días llamado cerebro. El resultado es una sensación de obnubilación constante, similar a la relatada por Huxley en su día sin más que cambiar lo de “soma, soma” por “polvorón, polvorón”, que no descarto yo que el amigo Aldous tuviese alguna referencia de las delicias estepeñas.
Claro, os podéis imaginar que en esa situación, lo de actualizar La Cárcel de vuelve algo difuso y lejano, utópico casi. Pero servidor ha podido vencer a todas las tentaciones y heme aquí, dispuesto a la hablaros de algunas lecturas.

Y ahora, los zombies…
Me gustan los zombies, no lo puedo negar. Es un género que siempre me ha atraído, desde sus mejores versiones cinematográficas, con Romero y Torneur a la cabeza, a las más abyectas series Z que uno pueda imaginar. Sin embargo, en cómics el género no ha sido muy pródigo, y cuando lo ha sido, casi mejor olvidarlo. Por eso la llegada de Robert Kirkman ha insuflado un aire fresco y de lo más agradable. Primero, con la serie de Los Muertos Vivientes, de la que Planeta DeAgostini acaba de publicar su segundo volumen. Género bien, hecho, deudor directo de la concepción del género que Romero marcó en La Noche de Los Muertos Vivientes y, sobre todo, en Zombi, que se centra en las relaciones personales en momentos de desesperación y opresión. Los zombies son tan sólo una buena excusa para estudiar el comportamiento humano cuando se rompen todas las normas. Este segundo volumen es un excelente ejemplo, con esa granja aislada que todavía cree en el poder de los buenos sentimientos en un mundo que ha perdido el norte. Lástima, eso sí, del cambio de dibujante, porque Charlie Adlard está a años luz de Tony Moore, y eso que éste no era lo que podemos llamar un virtuoso (2+).
Ahora que si Los Muertos vivientes es una buena serie, con la que me he podido reír hasta decir basta es con el primer número de Marvel Zombies, la extravagante versión que Kirkman se ha sacado de la manga de los grandes héroes Marvel. Sin necesidad de explicar porqué, los grandes héroes como Spiderman, Thor, el Capitán América y muchos más aparecen como zombies, aislados con Magneto, el único que todavía no ha sucumbido a la plaga zombie. El resultado es una tebeo abiertamente gore y paródico, en el que Kirkman se ríe a gusto de los personajes con una frescura y atrevimiento de lo más recomendable. Escenas como el desmembramiento y deglución del amo del magnetismo son geniales, pero los diálogos posteriores de estos zombies no tienen desperdicio (vale sí, si somos puristas los zombies no deberían ser inteligentes, pero esta pequeña digresión es fundamental para alcanzar los objetivos que Kirkman parece buscar). Un Daredevil que pierde literalmente su corazón y no lo que le hizo Kingpin o un Banner que sufre como nunca los excesos de Hulk son momentos que no se olvidan fácilmente. A lo que hay que añadir un Sean Philips que se lo pasa pipa dibujando descuartizamientos varios. Un tebeo para aquellos lectores de Marvel que no tienen inconveniente en divertirse a gusto a costa de sus personajes favoritos. (2+)