Polvorones y zombies

Joer lo que pesan los atracones prenavideños, esa especie de entrenamiento previo que permite la máxima distensión de los músculos estomacales, a los que someteremos a tensiones extremas durante estas dos semanas. El problema es que una tarea tan intensa y desmedida provoca un caudal brutal de sangre a la zona digestiva, que suele salir de ese órgano tan poco usado estos días llamado cerebro. El resultado es una sensación de obnubilación constante, similar a la relatada por Huxley en su día sin más que cambiar lo de “soma, soma” por “polvorón, polvorón”, que no descarto yo que el amigo Aldous tuviese alguna referencia de las delicias estepeñas.
Claro, os podéis imaginar que en esa situación, lo de actualizar La Cárcel de vuelve algo difuso y lejano, utópico casi. Pero servidor ha podido vencer a todas las tentaciones y heme aquí, dispuesto a la hablaros de algunas lecturas.

Y ahora, los zombies…
Me gustan los zombies, no lo puedo negar. Es un género que siempre me ha atraído, desde sus mejores versiones cinematográficas, con Romero y Torneur a la cabeza, a las más abyectas series Z que uno pueda imaginar. Sin embargo, en cómics el género no ha sido muy pródigo, y cuando lo ha sido, casi mejor olvidarlo. Por eso la llegada de Robert Kirkman ha insuflado un aire fresco y de lo más agradable. Primero, con la serie de Los Muertos Vivientes, de la que Planeta DeAgostini acaba de publicar su segundo volumen. Género bien, hecho, deudor directo de la concepción del género que Romero marcó en La Noche de Los Muertos Vivientes y, sobre todo, en Zombi, que se centra en las relaciones personales en momentos de desesperación y opresión. Los zombies son tan sólo una buena excusa para estudiar el comportamiento humano cuando se rompen todas las normas. Este segundo volumen es un excelente ejemplo, con esa granja aislada que todavía cree en el poder de los buenos sentimientos en un mundo que ha perdido el norte. Lástima, eso sí, del cambio de dibujante, porque Charlie Adlard está a años luz de Tony Moore, y eso que éste no era lo que podemos llamar un virtuoso (2+).
Ahora que si Los Muertos vivientes es una buena serie, con la que me he podido reír hasta decir basta es con el primer número de Marvel Zombies, la extravagante versión que Kirkman se ha sacado de la manga de los grandes héroes Marvel. Sin necesidad de explicar porqué, los grandes héroes como Spiderman, Thor, el Capitán América y muchos más aparecen como zombies, aislados con Magneto, el único que todavía no ha sucumbido a la plaga zombie. El resultado es una tebeo abiertamente gore y paródico, en el que Kirkman se ríe a gusto de los personajes con una frescura y atrevimiento de lo más recomendable. Escenas como el desmembramiento y deglución del amo del magnetismo son geniales, pero los diálogos posteriores de estos zombies no tienen desperdicio (vale sí, si somos puristas los zombies no deberían ser inteligentes, pero esta pequeña digresión es fundamental para alcanzar los objetivos que Kirkman parece buscar). Un Daredevil que pierde literalmente su corazón y no lo que le hizo Kingpin o un Banner que sufre como nunca los excesos de Hulk son momentos que no se olvidan fácilmente. A lo que hay que añadir un Sean Philips que se lo pasa pipa dibujando descuartizamientos varios. Un tebeo para aquellos lectores de Marvel que no tienen inconveniente en divertirse a gusto a costa de sus personajes favoritos. (2+)

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