Solteros y treintañeros

Curiosa la historia de La teoría de los solteros. Tras el do de pecho que supuso Vivamos felices sin parecerlo, el extraordinario cuarto álbum de la serie de Mr. Jean, Dupuy y Berberian se encontraron con la necesidad de contar historias sin estar constreñidos por la limitación de páginas. La estructura clásica del álbum francés, de 48 páginas, suponía un planteamiento milimétrico de la narración, que obligatoriamente se superpone a las necesidades de la historia. Un corsé que los autores precisaban superar, dejar a sus personajes evolucionar sin esas fronteras, que fueran ellos los que marcasen los duración de la historia y no los imperativos de mercado. La teoría de los solteros se planteó como un experimento dentro de la serie, volviendo a la estructura de historias cortas de los primeros álbumes, pero sin ninguna acotación a su longitud. De hecho, se dice, se rumorea, que los autores tenían previsto que este álbum apareciese en formato libro publicado por LAssociation. Una intención que parece espantó a Humanoides, la editorial que estaba publicando la serie con un importante éxito de ventas, lo que motivó la creación de la colección Tohu Bohu, que mimetizaba las características de los libros de LAssociation y permitiría que su preciado personaje no transitase a otras editoriales (vano, intento, en unos años la serie recalaría en Dupuis).
Un previo que permite entender todavía mejor, si cabe, el excelente resultado que obtuvieron con este álbum. Los autores se sintieron liberados del “peso” del álbum y recuperaron la frescura de los primeros tres álbumes de la serie, pero con la carga de reflexión del cuarto aparecido hasta ese momento. De hecho, la acción que transcurre en este álbum se situaría a medio camino entre el tercero y el cuarto (los autores lo califican como el álbum 3.5 de la serie), centrándose básicamente en el personaje de Félix y su “crisis existencial” de los treinta. El contraste entre la soltería recalcitrante de Félix y la relación de pareja de Cathy y Jean permite a los autores reflexionar sobre el amor y el mundo de la pareja, siempre desde ese sanísimo humor que impregna toda la serie, inteligente, lúcido y mordaz. Las nueve historias que componen el álbum son un perfecto retrato de la generación de treinta y tantos, de sus problemas, neuras, filias y fobias, contadas desde la cotidianeidad, dejando abierta la reflexión del lector en esas conversaciones entre amigos en una terraza, que pueden llegar a la fascinante teoría de los calcetines apestosos de Félix. Todo sin olvidar en ningún momento cómo tomarse con humor los problemas de pareja (no os podéis imaginar qué cosas se pueden hacer con una tostadora) o las crisis creativas (o de cómo un chihuahua puede actuar de musa aplastada).
Un excelente tebeo, que supone la cumbre la serie junto con Vivamos felices sin parecerlo, en el que Dupuy y Berberian se muestran especialmente inspirados con un dibujo que transpira fuerza, vitalidad y frescura y que, además, es terriblemente divertido.
Por cierto, excelente edición de Bang, que corrigió el título previsto de “Paridas de solteros” por este mucho más acertado de “La teoría de los solteros” (lo que no entiendo es el cambio de colores de la portada, que se han intercambiado respecto a la edición francesa, que queda más bonita, todo sea dicho, aunque no tenga ninguna importancia). (4)
Enlace: proceso de elaboración de una de las páginas

Novedades Otakuland Diciembre

OLD BOY nº6, de Garon Tsuchiya yNobuaki Minegishi. Tomo manga 120x165mm, 210 páginas, blanco y negro, tapa blanda con sobrecubiertas, sentido de lectura japonés.
SHAMO, GALLO DE PELEA nº13, de Izo Hashimoto y Akio Tanaka. Tomo manga 14x19cms, en sentido de lectura japonés, tapa blanda con sobrecubiertas, 206 págs. B/N.Sólo para adultos.
SANTUARIO nº5, de Syo Fumimura y Ryoichi Ikegami. Formato tomo manga, 414 páginas, blanco y negro, sentido de lectura oriental, tapa blanda con sobrecubiertas.

Misterios e ingenuidades

La situación comienza a ser intrigante para alguien con espíritu científico como yo. Os pongo en antecedentes: agobiado por la altura que tomaba la pila de tebeos sin leer, desde hace unas semanas dedico prácticamente todo mi tiempo libre a la lectura de tebeos. Con voluntad férrea oigan, que no me muevo yo del sillón por nada del mundo y engancho un tebeo con otro cual fumador empedernido hace con los cigarrillos. Pero misteriosamente, la pila… ¡sigue en la misma altura! Algo extraño, que supera toda ley física conocida (por lo menos las que yo conozco, que son bastantes, por desgracia y por imperativo profesional) y que está comenzando a hacerme sospechar que esa pila se ha situado en algún vórtice espacio-temporal que provoca que la altura de la pila permanezca inalterable por mucho tebeo que yo lea. Las primeras ecuaciones esbozadas parecen indicar que esa altura podría ser una constante universal mucho más importante que la mismísima velocidad de la luz o la constante de Planck.
Pero mientras me dedico a mis investigaciones, os comento algunos tebeos:

Ingenuidades varias
Dos lecturas que tiene en común una visión ingenua de problemas sociales. En primer lugar, The Originals, una novela gráfica de Dave Gibbons que llegaba enmarcada en un halo de prestigiosas críticas y que, tras su lectura, me ha confirmado la debilidad de Gibbons como guionista. Un excelente dibujante, es indudable, pero que pincha sistemáticamente en unos guiones sin mordiente y que se diluyen a las pocas páginas. En este caso, Gibbons intenta entrar en el problema de la captación de jóvenes por las bandas callejeras rememorando las luchas entre mods y rockers a un futuro indeterminado. Una idea a priori sugerente, pero que resulta fallida por la poca entidad de la historia que se nos cuenta, una especie de cuento en el que la reflexión sobre el fenómeno de las bandas y la juventud que se aferra a ellas queda resumida en una ingenua moraleja. Lejos quedan las interesantes reflexiones de Coppola en La Ley de la calle o Rebeldes, o la abundante literatura que el tema ha provocado.
Gibbons estira en exceso la anécdota y, al final, la lectura de Originals se queda en comprobar la virtuosidad del dibujante, que ha simplificado su dibujo hasta conseguir una perfección casi envidiable y, paradójicamente, acercándose cada vez más a Russ Heath. (2-)

Por su parte, también me ha decepcionado el WE3 de Morrison y Quitely, una parábola sobre la experimentación con animales que se queda también en una visión ingenua y superficial del tema. El guionista deja de lado completamente sus locuras y firma un guión bastante convencional, sin aspavientos ni excentricidades, lo que se agradece muchas veces, pero en el que pierde su mayor valor: la insultante imaginación de sus propuestas. Esta historia de animales utilizados con fines militares ha sido abordada mucho antes en el cine (Proyecto X, de Jonathan Kaplan), con planteamientos de base muy similares y con la única diferencia de un tratamiento en el que la violencia es mucho más evidente, aunque el final siga siendo igual de ingenuo. Lo que resulta paradójico es que mientras el guionista se contiene, Quitely se desmelena y se descuelga con todo tipo de experimentos narrativos, que van de lo fallido a lo interesante. No es Quitely santo de mi devoción, un dibujante de calidad pero con resultados excesivamente fríos para mi gusto, pero me ha sorprendido lo atrevido de algunas de sus propuestas alguna realmente originales, como la utilización tridimensional de la viñeta, aportando una profundidad al salto entre viñetas realmente interesante. Otras, como la partición en infinitas microviñetas resultan menos afortunadas, pero siempre se agradece que un dibujante intente buscar nuevos caminos narrativos. El único problema es que la acumulación de los mismos, muy distintos en algunos casos, resta coherencia al conjunto de la obra. (2-)
Dos lecturas flojitas, pero que son salvadas por su excelente resolución gráfica.