Me volvió a pasar…

Me ha vuelto a pasar. La premura por mostrar la lista de “lo mejor del año” me puede y me dejo en el camino obras que merecen sobradamente estar en esa lista. Y sobradamente, como “La ilusión de Overlain” de Luís Durán, una de las mejores obras de este hombre, que sigue enfrascado en su búsqueda personal de los límites entre la realidad y la imaginación.
Una pesquisa que le lleva al origen de la humanidad, al continente africano, lugar de ensoñaciones de cientos de artistas, que bebieron de la mezcla perfecta de naturaleza y arcana sabiduría para buscar su inspiración. En La ilusión de Overlain, Durán se me antoja imbuido del espíritu de la baronesa Von Blixen, que explota en su interior mezclando sin orden, pero con poesía, su pasión por los cuentos y su fascinación por África, creando una mágica historia sobre el origen de la imaginación. Un relato que nos transporta a través de pequeños cuentos, que se cuentan de abuelos a nietos, despertando la ilusión o quizás, en el fondo, creando la realidad. Porque aquí, más que nunca, Durán lleva su hipótesis al extremo, encontrando un camino que se cierra sobre sí mismo: no somos más que el producto de nuestra propia imaginación. Para Durán, la existencia es un gran libro que es escrito a medida que se vive, cada página que se pasa es un retazo de ficción, protagonizada por alguien que la vive como realidad. Como en la Biblioteca de Babel, sólo es necesario que alguien coja uno de los libros de los infinitos anaqueles para crear una existencia, que es real desde el momento en el que el lector pasa la primera página.
Pero a diferencia de los libros de las largas galerías hexagonales, las páginas de los libros de Diluvia pueden ser leídas o escritas. El libre albedrío, inexistente en Babel, puede darse en el mundo de Luís Durán: el protagonista puede ser un simple actor de palabras ya escritas o creador que rellena páginas en blanco. Una diferencia de matiz que da sentido a la vida, ese vasto libro en blanco que, como en la ilusión que da nombre al tebeo, debemos ir rellenando con nuestras propias notas, o dejar que otros las escriban.
Estamos antes el que es, posiblemente, el mejor tebeo de Durán hasta el momento. Una obra que se puede disfrutar en tantos niveles como se quiera, como un gigantesco fractal, en el que cada pequeña parte tiene su vida propia. Se puede gozar con los cuentos que trufan sus páginas, con la poesía de las visiones de África, con la aventura de su descubrimiento. Todas ellas partes de un todo mágico y único: La ilusión de Overlain (4).