Al rico y sabrosón culebrón.

Giardino suele deleitarnos, de vez en cuando, con frivolidades divertidas como Little Ego, pequeñas bromas que rebajan un poco la seriedad de series como Jonas Fink o Max Fridman, siempre circunspectas. Pero no dejaban de ser graciosos divertimentos sin mayor objetivo. Sin embargo, Eva Miranda (Norma) supera con creces ese punto para entrar con fuerza en la parodia más demoledora y salvaje de los culebrones y la televisión actual y su dependencia del mundo rosa. De la mano de Giovanni Barbieri, el gran dibujante firma una sorprendente bufonada, tan ácida como lúcida en sus planteamientos, rememorando una especie de telenovela por entregas sobre luchas de poder, amores imposibles y confabulaciones maquiavélicas protagonizadas por personajes histriónicos, arquetipos de aquellos que inundan las páginas de las revistas rosa. Empresarios millonarios casados con arpías de caras estiradas hasta el acartonamiento; herederos gigantones, tan guapos como estúpidos; amadas virginales e ingenuas y, sobre todo, la intrigante Eva Miranda, la gran conspiradora, inteligente y calculadora, dispuesta a dinamitar la ¿tranquila? vida de los adinerados Stone.
Una sátira inteligente y mordaz, que mete el dedo en la llaga, lo remueve y aprieta, para recordarnos que un exceso no es una realidad, que lo que vomita la televisión es una ficción creada para engatusar a un público necesitado de alienación barata del que aprovecharse, como bien recuerdan Giardino y Barbieri con esas delirante pausas publicitarias que se asemejan peligrosamente a las que abundan en los programas del corazón.
Una primera entrega divertidísima de lo que promete ser una serie tan frenética como sardónica (3).

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