Más y más lecturas

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vimos a Alack Sinner en una viñeta. Más de una década, casi dos, en las que muchas cosas han pasado, quizás demasiadas para contarlas en unas pocas viñetas. O quizás es que, sencillamente, ya no tiene sentido recordarlas. Las cuatro historias que engloban este reencuentro con Sinner son esbozos de un largo viaje, el último para sus autores. Un viaje que le llevará a través de América para encontrarse con el que fue su gran amor, Sophie. Más que nunca, Sinner es un simple testigo de anécdotas, de historias que se entrecruzan en un bus que hace un largo camino. Pero algo ha cambiado. Si en sus anteriores historias se daba siempre una denuncia contundente, ahora Sinner se mueve por una sociedad que no es la suya, que le mira desafiante y ante la que sabe que poco o nada puede hacer. Quizás la única salida que le queda es ese pequeño placer de la venganza contra Keith Giffen, el gran plagiador, una suerte de chiste personal que sabe perfectamente que no llegará a ninguna parte, una guerra perdida como el mismo autor reconoce en la historieta. Apenas un esbozo, un pequeño párrafo en una historia que transcurre lentamente hasta lo que debía ser, el final de un viaje. Y que mejor que terminar ese viaje rodeado de tus fantasmas pasados, representados en Sophie, el gran amor, el gran contrapunto del utópico Sinner. Sophie es, paradójicamente, la que siempre mantuvo al detective con los pies en tierra, la imagen que le recordaba la humanidad perdida como mudo testigo de su entorno. Es lo único que ha estado sierre allí a lo largo de la gran travesía a la que hemos asistido durante veinte años.
Un episodio que refleja no sólo los cambios del personaje, sino de sus autores. Las viñetas de Muñoz ya no están llenas de vida, ya no reflejan mil historias paralelas en el fondo. Ahora la mirada es triste, muy íntima. El lector ha pasado de ser un voyeur que miraba al mundo a través de la ventana de la viñeta para verlo a través de los ojos de Sinner. Y Muñoz, sabedor de ese cambio, lo afirma y lo rubrica con un estilo más expresivo que nunca, magistral en el uso de una línea quebrada que lo dice todo, que suda sentimiento y sensaciones por cada trazo.
Tras la lectura de “El final de un viaje“, se tiene la sensación de haber acabado un ciclo, que el personaje se ha terminado. Es cierto que la serie ha continuado, con dos historias más, Histories privees y la recientemente aparecida LAffaire USA, pero no se puede evitar la sensación de pensar que los autores han continuado la serie a sabiendas de que acabó con esa preciosa luna llena que cierra este álbum. Que la continuación ha sido más una exigencia exterior que una necesidad interior de los autores, que tenían claro que Sinner y Sophie siguen viendo todos los meses esa luna. (4)

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