Gatitos y gatazos

No se puede negar el impacto y arrastre que ha tenido la serie Blacksad de Juanjo Guarnido y Juan Díaz-Canales. La tirada de 180.000 ejemplares de su tercer álbum demuestra claramente la confianza de Dargaud en la respuesta del público al nuevo trabajo de esta pareja. Todo un fenómeno en el mercado francés que ha reptido éxito en todos los países donde se ha editado.
Norma acaba de publicar en nuestro país Alma Roja, esta tercera entrega de la serie, en la que se encuentran diferencias sutiles, pero marcadas con respecto a los dos primeros álbumes: por un lado, Guarnido suelta más su dibujo, se hace menos trabajado y más fresco, con trazos más rápidos y bruscos, menos académico si se quiere. Un pequeño cambio que supongo que tendrá tantos detractores como admiradores, pero cuyos resultados, aunque poco aportan a la reconocida calidad de este dibujante, le dan un aire novedoso y fresco a la serie.
Pero por otro lado, es indudable que la diferencia más importante se da en el guión, con un golpe de timón de Díaz-Canales en el tono de la serie, quizás hostigado por las críticas continuas a su labor, calificada repetidamente de tópica. En este caso, el guionista aparta al personaje de la trama negra clásica para meterlo de lleno en una historia de espías con tintes negros, en la que, me temo, se entremezclan demasiadas líneas argumentales. Desde la guerra fría al inicio de la carrera nuclear, de los “préstamos” de científicos del tercer reich a los USA a la persecución de comunistas y la implicación de los intelectuales… Todos los temas son apasionantes por aislado, pero el rompecabezas se hace excesivo para las limitadas 56 páginas de este álbum, quedando muchas veces como pegotes forzados que no llegan a tener desarrollo. Una verdadera lástima, porque el intento de sacar al gatuno detective de la línea iniciada con los dos primeros álbumes es muy loable, pero donde antes se podía pecar por defecto, ahora se peca por exceso. Personalmente, soy de los que creen que los “tópicos” de los dos primeros álbumes (sobre todo en el primero) eran absolutamente necesarios, ya que el novedoso juego de la serie recaía en el contraste entre la figuración animal y las claves del género negro. Es decir, era obligatorio para esa primera aventura que la historia siguiese los tópicos más clásicos y repetidos del género, precisamente para que el lector tuviese hitos reconocibles con los que comparar la original propuesta de Díaz-Canales y Guarnido. Pero es cierto que, pasada la sorpresa, la novedad de la propuesta queda agotada y la simple representación animal de los personajes no es suficiente para aguantar una historia. Es necesario dotar de algo más, de un trasfondo, y ahí creo que la elección de Díaz-Canales y Guarnido es acertada (al imbricar mucho más al personaje con la historia real), pero necesita todavía de ajuste, evitando acumular demasiadas ideas que, fácilmente, hubieran dado para una saga de tres o cuatro álbumes.
En cualquier caso, la lectura es agradable y permite pasar un buen rato (2).

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