Viñetas explosivas

Estoy alucinado viendo el telediario. La violencia que está desatando el famoso tema de las caricaturas de Mahoma supera todo lo concebible: embajadas arrasadas, manifestaciones de miles de personas demostrando su odio a Occidente… e incluso en Europa, en Bruselas, miles de personas con carteles “No toques mi religión”…
Alucinante.
El problema es que me temo que los análisis se están haciendo desde la perspectiva de la libertad de expresión y, me temo, el fondo está muy equivocado. Es evidente que si este fuera el tema, el apoyo a los dibujantes daneses es obvio y total, pero hay datos que me hacen temer que la cosa es bastante compleja y mucho más terrible.
Las citadas caricaturas fueron publicadas en Septiembre de 2005 por el periódico danés Jyllands-Posten, hace ya casi cuatro meses. Pero es que la representación de Mahoma en caricaturas ha sido una constante en cómics, tiras y humor gráfico desde hace décadas. Desde la famosa historieta de las religiones de Gotlib a la presencia semanal en la serie de El Dios de JL Martín en El Jueves, la caricaturización del principal profeta del Islam no es algo nuevo. Sin embargo, estas nuevas viñetas han desatado una violenta respuesta, creciente y de imprevisible alcance.
¿Por qué?
Puedo entender que la representación de Mahoma en viñetas puede resultar insultante para un musulmán. Es parte indisoluble de su religión y es lógica la molestia. No es un fenómeno único de la religión musulmana, que se lo digan a Tronchet y a las amenazas recibidas tras su ¡Jesús Bendito!. O a Vuillemin al satirizar a los judíos. Pero en todos esos casos, la reacción habitual es la protesta airada de las autoridades religiosas y las habituales salidas de tono violentas de unos cuantos fundamentalistas.
Libertad de expresión no es sinónimo ni de buen gusto ni de corrección, y los tribunales están para decidir cuándo esa libertad ha vulnerado los límites del derecho al honor, ya sea de individuos o colectivos.
Pero esto va mucho más allá. Me temo que estas caricaturas son una mera excusa que ha servido de forma excelente para manipular la desesperación. Los dirigentes integristas han encontrado una perfecta antorcha para encender un polvorín de miserias, opresión y desgracia, lanzando al pueblo hacia el odio y la violencia.
Lo malo es que el ser humano tiene la mala costumbre de perder el oremus con los dos conceptos que más sangre han vertido en la historia: la patria y la religión. Dos conceptos abstractos de difícil definición e imposible demostración que han sido la excusa perfecta para lanzar a unos contra otros.
Por desgracia, han sido unas viñetas las que han encendido esta bomba de consecuencias desconocidas.
Por desgracia, el humor, el símbolo máximo de la inteligencia, el arma más contundente de la que dispone el hombre, está siendo contestado con armas de verdad, con intolerancia, odio y miedo.
Mucho me temo que tanto la petición de disculpas, como la condena de los hechos o el apoyo a la libertad de expresión quedan inútiles ante la exagerada situación que está creciendo. Esto tan sólo es un síntoma de un enfrentamiento entre civilizaciones que está aumentando día a día. Y que tiene muy mala solución.
Después de ver todo esto, me reafirmo en mi ateísmo apátrida convencido. Todos los integrismos, sin excepción, son terribles, porque justifican la fuerza de la sinrazón, el poder de la fe frente al de la razón. Y eso es el fin del diálogo, el debate y de la tolerancia.

Enlaces:
El debate en Escolar
Artículo de Manuel Barrero

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