Agenda: Comienza el Salón del Cómic de Granada

Hoy ha comenzado el XI Salón del Cómic de Granada, una cita obligada en el panorama comiquero español. Tenéis cumplida información de todas las actividades en su web y en el weblog V de Veleta, pero os recuerdo la lista de invitados: Purita Campos, Sergio Aragones, Stan Sakai, Mike Collins, Duncan Fegredo, Miguel Angel Martin, Cels Piñol, Juan Gimenez, Carlos Diez, Kevin Taylor, Lance Tooks, Santiago Sequeiros, Kenny Ruiz, Patrick Frisch, Jordi Bayarri, Jesús Huguet, Juan Pedro Quilón, Sergio Córdoba, Joseba Basalo, Ángel Muñoz, José Fonollosa y los cantantes J-Pop Hironobu Kageyama, Yoko Ishida, Yumi Matsuzawa y Yuka.

Parque Chas

Parque Chas es uno de esos tebeos que tienen la capacidad de hipnotizar al lector. Recuerdo que la primera vez que lo leí, en las páginas de TOTEM El Comix, me sentí fascinado por esa extraña mezcla de leyenda urbana y terror que maquillaba una dura crítica de la situación argentina de los años 80. Si buenos eran los guiones de Barreiro, me atrevería a decir que mejores eran los dibujos de un desconocido Risso, que mezclaba texturas y estilos para conseguir un efecto mágico en sus historias.
Pero esa fascinación fue aumentando con el tiempo, por un lado por la mitificación propia de una obra casi desconocida, que parecía ser conocida sólo por cuatro gatos que casi la venerábamos; por otro, porque un día descubrí que Parque Chas no era una ficción, que existía realmente.
Barreiro había tomado las historias que se contaban de un extraño barrio circular de Buenos Aires, en el que se hablaba de tranvías perdidos, de calles inexistentes o de manzanas que nunca se cerraban para internarse en ese extraño mundo, dando carta de realidad a las leyendas de Parque Chas. Paradójicamente, la plasmación en ficción de esas historias que se contaban por los bares del barrio las convirtió en una realidad mágica, con personalidad propia. Pero Barreiro, uno de los mejores guionistas de historieta de todos los tiempos, supo esconder tras las historias de terror arcano los miedos mundanos de un barrio y de una ciudad. Del peronismo a los problemas de tráfico, pasando por el elitismo de los colegios privados, convirtió al Parque Chas en una suerte de reflejo esotérico de la realidad argentina, en una visión donde el terror, paradójicamente, edulcoraba una situación todavía más dura. Mundos subterráneos que escondían líneas de metro que nos se sabía dónde llegaban, coches asesinos, niños que bien parecían venir del mismo planeta que los invasores de El Eternauta, habitaciones que eran puertas a mundos paralelos en el tiempo o el espacio… El Parque Chas acogía a toda una particular población, fruto de la unión de la realidad y decenas de referencias que plagan cada página de este tebeo, desde las obvias a las sutiles.
Leída ahora la edición argentina de PuroCómic que se ha distribuido en España, he vuelto a encontrarme con esas historias casi perfectas, en las que guionista y dibujante se hayan en estado de gracia y consiguen un tebeo de mil posibles lecturas. Lástima que la edición sea una calidad tan baja, con una reproducción próxima a la fotocopia que quema sistemáticamente los grises y en la que el moiré campa a sus anchas, ensombreciendo la excepcional labor de Risso, pero a falta de que una editorial española se atreva a editar este material, sólo queda este álbum para leer esta obra (bueno, y ya puestos a pedir, que se distribuya la segunda parte en España). (4)