La larga sombra de Moore

Tras la excelente etapa de Morrison en Animal Man, seguir su tarea era un desafío excesivo para cualquier guionista (no en el caso del dibujante, que tras la etapa Truog, cualquiera saldría beneficiado). Era una etapa redonda, una historia perfectamente hilvanada que no necesitaba continuación. Una losa demasiado grande que Jaime Delano afrontó siguiendo la fórmula que había seguido Alan Moore a su llegada a Swamp Thing: si no sabes qué hacer con lo anterior, mátalo y comienza de nuevo. Y, ni corto ni perezoso, Delano mata de forma explícita a Animal Man, desarrollando en la saga Carne y Sangre la reconstrucción física y psicológica del personaje. Durante los episodios de esta saga, Delano demuestra un excelente pulso narrativo, perfectamente plasmado gráficamente por un excelente Steve Pugh (¡ay!, lo que este hombre ha perdido con el tiempo…), que hace olvidar desde la primera viñeta Chas Truog. Sin embargo, sigue existiendo un pero: la sombra de Moore. La genial Lección de Anatomía de Moore demostró que en apenas 24 páginas era posible darle por completo la vuelta a un personaje, definirlo y lanzarlo de nuevo. Un referente que es demasiado omnipresente a lo largo de esta saga, que hará ingresar a Buddy en la ya extensa nómina de “primordiales” del universo DC y que nos obliga a la ya conocida sensación de “deja vu”. Pese a todo, es un sólido tebeo, perfectamente narrado y con ideas que van bastante más allá de la simple refundación del personaje, como las relativas a la familia de Buddy, casi completamente reescrita por Delano (2+).

El mismo y devastador “efecto Moore” me asalta al releer JSA: La edad de oro (que, debo reconocer, he releído en los prestigios de Zinco, así que no puedo hablar de la edición de Planeta). James Robinson, como es habitual en él, firma un guión sólido, bien narrado y en el que orquesta perfectamente la acción de los clásicos personajes de la antigua JSA de la “Golden Age”, con un espléndido Paul Smith a los lápices. Una historia de héroes clásicos que deben insertarse en el mundo real y que choca, como siempre, con la dificultad de transitar por terreno estéril. Y es que, de nuevo, Moore hizo de moderno Atila para el mundo del tebeo, devastando con Watchmen todo intento de sembrar en el campo que dejó yermo. Es inevitable leer este JSA: La Edad de Oro sin tener un mínimo recuerdo de la excelente obra del inglés, sin comparar personajes e incluso trama. No se puede negar que el intento de un superhéroe de hacerse con el control mundial vía terrible villano oculto es entretenido y correcto, quizás en exceso teatral en los diálogos y en las impostadas actitudes de los personajes, pero todas su corrección se desploma en la casi obligada comparación.
Es curioso como Darwin Cooke en The New Frontier resulta más aparente y menos trillado, pese a ser un guión muchísimo más endeble que el firmado por Robinson, precisamente por evitar el camino del barbudo y seguir más el del homenaje irredento. En cualquier caso, un sólido tebeo de género, a años luz de muchos de los tebeos que se están editando hoy en día y que se venden como obras maestras del género. (2+)

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