Domingueros

Los domingos por la tarde los he asociado siempre a la lectura. No sé porqué, pero siempre he pensado que es un momento hogareño, de intimidad, quizás el único de la semana donde uno se repliega en su esquinita del sofá y se dedica a sí mismo. A sus lecturas, a sus pensamientos. Es algo que siempre me ha pasado y la verdad es que incluso de niño tengo el recuerdo de esas sesiones vespertinas de lecturas de tebeos Bruguera. Pero si me pongo a pensar, la lectura es sólo una más de esas actividades, e incluso durante mucho tiempo he considerado esa tarde como aburrida. Sin embargo, mi recuerdo es el de los tebeos del domingo por la tarde. Es posible que la memoria nos juegue malas pasadas o, sencillamente, que transforme nuestros recuerdos para componer cuadros más afables que la realidad.
En su nueva obra, Los domingos, Mauro Entrialgo repasa precisamente esos amables cuadros que nos permite ver nuestra memoria. Echa la vista atrás y recuerda su infancia, sus juegos, los objetos que le emocionaban. Va poco a poco reconstruyendo su pasado con esos retazos que van asaltándole, esos recuerdos de aquí y de allá, colocándolos en orden lógico. Va componiendo la página con esas imágenes, acuarelas de colores un poco desvaídos, como los que da la memoria, pero analizándolos con la distancia de la edad, que quizás más que sabiduría lo que da es un poco de sentido común, lo justo para que sepamos valorar aquellos momentos de otra forma. Tras pasarse años como fino y acertado analista de la sociedad que le rodea en sus obras, Mauro decide echar el freno y usar todo ese conocimiento adquirido para mirarse a sí mismo, consiguiendo la que es, sin duda, su mejor obra hasta la fecha. Con una ironía afilada e inteligente, va conectando los hechos del pasado con el presente, realizando un demoledor recorrido por su vida, nostálgico en muchos momentos, es cierto, pero sin caer en el sentimentalismo gracias al humor y a la inteligencia con que analiza los pasos que ha dado.
Supongo que muchos nos habíamos acostumbrado a ver en Mauro un valor seguro. Sus álbumes siempre son divertidos y su nivel medio es envidiable, pero también es cierto que, en cierto modo, se había perdido la capacidad de sorpresa. Quizás por eso, Los domingos es una obra todavía más importante, porque Mauro rompe radicalmente con sus anteriores álbumes (cambio estilo gráfico, jugando con las acuarelas; una composición más próxima al relato ilustrado; una temática más íntima y personal…) para recordarnos que no sólo es un excelente autor, sino que además es un inquieto buscador de nuevos caminos dentro de los muchísimos campos culturales que practica.
Y ojito a la edición de Ponent, de verdadero lujo. Un gran álbum (3+)

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