Enlaces luneros (en viernes, ¡qué se la va a hacer!)

Vale, sí, lo sé, la sección de enlaces había alcanzado una plácida estabilidad en los lunes, pero resulta que llevaba yo un par de lunes sin poner nada y, además, viene la Semana Santa, contricción, sacrificio y cosas de esas. Así que mejor cara al fin de semana…

Empecemos con muchos enlaces de autores, que han estrenado webs chulísimas:

Alberto Vázquez, autor que acaba de editar Psiconautas y que estrena preciosa web donde leer muchas de sus historias cortas.
Santi Arcas, el responsable de tebeos como “Huevos Fritos” (Kaleidoscope) o coautor de Simon & Claus junto a Daniel Acuña, estrena blog de proyectos: Por mi mala cabeza.
Impresionante blog de Teddy Kristiansen.
– Kano, bien conocido por sus trabajos en USA, estrena web. De momento hay poco, pero no os perdáis la sección de ilustración.
Filias y fobias de un fanzineroso es una dirección obligatoria a partir de ahora, ya que es el weblog de Borja Crespo, infraser por antonomasia.
– Hace ya mucho tiempo hablé del proyecto de Ediciones PEO. Hoy es una estupenda realidad, donde se puede ver la (excelente) obra de autores como Luci Gutierrez, Puño, Leticia Picheth, Camilla Falsini, Nicholas Gurewitch, Federico Pazos, George Gorsz, Enrique Mochales, Benjamín Marra, Olaf, Peña, Raúl Monge o Fadrique, o seguir el fanzine remembering. Un lugar de visita obligada.
Espacio trazado se define como “el lugar donde Galgo reseña y da su opinion del mundo del comic, desde una perspectiva personal y por supuesto… aun novata.”
Artistas irrelevantes es un sugerente proyecto de Rodolfo Fucile, que nace con la intención de dar los “Datos biográficos de artistas que, por causa del azar o la desgracia, han visto truncada su carrera profesional y, por ende, no han contribuido en absoluto al desarrollo de la Historia del Arte”. Puede que os recuerde a Jose Carlos Fernandes, pero os aseguro que tiene personalidad propia.
El desierto de Juan Tengo: humor gráfico, ilustraciones…
– Un curiosísimo fotolog muy enfocado al tebeo: El periscopio
Entrevista a Tirso Cons en la revista Character Design (en inglés)

Topolino, una obra maestra

Hablaba hace poco, a raíz de la lectura de Los Domingos, de Mauro Entrialgo, de las jugarretas que nos juega la memoria. De cómo modifica, cambia y reescribe nuestro pasado según le convenga. Sin embargo, hay veces, las pocas, en que la memoria cumple su función de fiel notario de nuestra vida. Quizás no por voluntad propia, sino porque esos recuerdos se grabaron con tal fuerza que ni siquiera el tiempo los ha desvirtuado. No sabemos, por desgracia, cuál es el mecanismo que lleva a esta impronta perenne, pero cuando por la razón que sea, esos recuerdos son removidos, aparecen ante nosotros con una fuerza descomunal.
Algo que me acaba de pasar con la lectura del Topolino de Alfons Figueras editado por Astiberri. Prometo que la lectura iba encaminada a resaltar las excelencias narrativas de Figueras y su virtuosismo, pero nada más leer la primera historia tuve una especie de shock: me acordaba perfectamente de esa historia. La leí con apenas 6 o 7 años, pero me acordaba. Me acordaba de los robots de la guerra de los mundos, de Colodión haciendo de robot para engañar a Topolino, de la mano que aprieta, del Dr. Siniestro, del escéptico Adolfo, del fantasma gigantesco de Khun Zivan, del Frankenstein metálico, de la momia… Más de 30 años después de su lectura, las historias de Topolino seguían frescas en mi memoria, perfectamente recordadas, creo incluso que podría describir a la perfección los horrorosos colores de las ediciones de Bruguera… Recuerdo que, por aquellas épocas, mi preferido era, sin duda, Mortadelo, pero el que se quedó grabado fue Topolino. Leyéndolo ahora, me doy cuenta de la magnitud de la obra de Figueras, no ya en sus aspectos más técnicos, indiscutibles, sino en la capacidad de este autor para explorar el terreno de la imaginación. Con seis años era imposible saberlo, pero hoy puedo ver la inmensa cantidad de referencias con las que jugaba este autor, capaz de mezclar desde los mitos del cine de terror a la novela de ciencia ficción o el cine de aventuras (¡Ay! ¡Esa Úrsula haciendo de Ayesha..!), pero exprimiéndolos y obteniendo de ellos la esencia absoluta, su último sentido. Figueras consiguió plasmar en Topolino los mecanismos de la imaginación, el intrincado y complejo camino que lleva a que abandonemos la realidad para embarcarnos en aventuras ignotas.
Y lo hizo estudiando profundamente los géneros populares, aquellos que han arrebatado siempre al público, analizó cómo los personajes se transformaban en mitos, buscó la piedra filosofal que transmutaba una creación en leyenda.
Y la encontró.
Topolino es mucho más que un simple tebeo de aventuras divertidas. Es un profundo ensayo sobre la cultura popular y sus mecanismos, es el reflejo de cómo las leyendas se fijan en el imaginario colectivo. Supo reflejar en sus personajes el debate entre credulidad y escepticismo, siempre desde una inteligente posición autoparódica, en la que sus personajes son muy conscientes de vivir en un mundo de ficción. Ya no sólo con el genial homenaje a la dimensión desconocida, sino con los propios diálogos (“¿quién me pondría el nombre de Topolino en la editorial?”).
Leído ahora, el mundo de Topolino, ese extenso prado sin fondos por el que deambulan los personajes, se me antoja una especie de metáfora de la imaginación colectiva, en la que aparecen los candidatos a leyendas, luchando contra la credulidad y el escepticismo por igual, buscando su sitio en el mundo ficticio.
Historias magistrales, geniales, para las que Figueras buscó la evidente “guía espiritual” de dos monstruos: Herriman y Sterret. Las conexiones entre la obra de Figueras y los mundos de Krazy Kat y Polly and her pals son tan evidentes como sutiles. Supo sintetizar a la perfección los recursos necesarios de estas dos obras maestras del tebeo para asumirlos en su propio estilo, consiguiendo que la obra que creó estuviese a la altura de ellas, codeándose sin rubor con ellas en el Olimpo del tebeo.
Una obra maestra sin par, extraordinaria, que lleva al lector a otros mundos con la facilidad con la que pasamos una página. Un (5) sin concesiones.
Y no me gustaría acabar sin elogiar hasta la exageración la exquisita edición de Astiberri. Cuidada, elegante, con un soberbio y extenso prólogo de Antoni Guiral (de obligatoria lectura). Una edición que hace justicia a la obra que contiene. ¡Chapeau!

Enlace: Ficha de la obra, con páginas de muestra.