¡Macanudo!

Llevo casi un año siguiendo día a día las tiras de Liniers en Autoliniers. Mi primera lectura es siempre esta sorprendente tira, en la que el argentino es capaz de pasar de la ingenuidad e inocencia más deliciosa hasta el humor absurdo más delirante, pero siempre escondiendo sutiles reflexiones sobre el ser humano, siempre lúcidas, a menudo demoledoras.
Ya sea partiendo de una interpretación literal, de un malentendido, o sencillamente de una observación del día a día, Liniers despliega una imaginación increíble, siempre sorprendente, que crea un nuevo género dentro de la historieta: la greguería gráfica.
Al igual que las inmortales creaciones de Gómez de la Serna, la obra de Liniers puede provocarnos una sonrisa o sonoras carcajadas, pero dejará siempre en nuestro pensamiento una idea que nos acompañará durante todo el día, abriéndose paso en nuestra mente hasta que, en el momento menos inesperado, aparezca ante nosotros y nos obligue a la reflexión.
Una obra maestra de la tira diaria, a la altura de los grandes clásicos del género. Por eso, la recopilación que acaba de editar Mondadori bajo el título de Macanudo es sencillamente indispensable. (4)

La mala gente

La edición de La mala gente por parte de Ponent Mon trae a España a uno de los mejores autores franceses de la última década: Etienne Davodeau. Pese a ser totalmente desconocido en España (exceptuando su contribución en el álbum colectivo Japón), Davodeau lleva ya casi quince años demostrando ser un autor en evolución constante y de una calidad extraordinaria pero, sobre todo, capaz de abordar la historieta desde nuevas perspectivas. Desde sus primeras obras, demostró que el costumbrismo era su género, con una deriva clara hacia el tebeo social. Trilogías como “Un monde si tranquille” daban buena medida de su capacidad, que fue reconocida de forma unánime más tarde con obras como la divertida pero amarga “Quelques Jours avec un Menteur” o la sólida “Le Reflex de Survie”, ambas seleccionadas en Angouleme, o la premiada también “Chute de Velo”, una obra en la que comienza a dar pistas de su interés por aproximarse al costumbrismo desde una perspectiva que mezcla una visión social con la autobiografía.
Su primera incursión en la autobiografía fue “LAtelier”, donde Davodeau improvisa sobre la marcha una historia que nos descubre su vida y su familia, una experiencia que usa para desarrollar la que es su mejor obra hasta el momento, “Rural!”. En ella, Davodeau se aproxima a los problemas del agricultura actual a través de tres amigos que deciden iniciar un negocio de agricultura biológica. El autor sigue durante un año las dificultades que tienen que afrontar los tres amigos, enfrentándose con vecinos, tradiciones o políticos, desde una perspectiva que discurre a medio camino entre el reportaje documental y la autobiografía, dando a conocer también la vida de los habitantes de la región de los Mauges.
En esa misma línea, La mala gente ahonda todavía más en la historia de esta región, aprovechando la implicación de los padres de Davodeau en los movimientos sindicales franceses de los años 60. A través de la conversación con sus padres, atendemos a un momento de la historia de Francia realmente interesante, radicalmente distinto del vivido en España. Mientras que los movimientos sindicales españoles nacían de la oposición política al franquismo, en el país vecino se derivaban del asociacionismo juvenil cristiano, combativo y defensor de los derechos de los ciudadanos. Para cualquier aficionado a la historia, resulta apasionante el testimonio que Davodeau plasma en La Mala Gente, directamente desde los protagonistas de la historia, pero desde el subjetivismo propio del autor, que se moja activamente en lo que está narrando. Personalmente, me ha resultado interesantísimo ver cómo las juventudes cristianas eran el germen de las secciones sindicales en la industria francesa de los 60 y cómo de ahí se formaron las células del partido socialista francés que apoyaron a Miterrand hasta que fue presidente. Gracias a Davodeau, asistimos a la trastienda de la gran política que aparece en los libros, a la historia de una militancia que es, finalmente, quien mueve de verdad a un país. Resulta muy curioso comprobar los diferentes papeles seguidos por la Iglesia en países como Francia y España, en el primer caso, animadora de las reformas sociales y revulsivo ante las desigualdades. En el segundo… lo que ya sabemos. Un interesante contraste entre dos países vecinos que vivieron historias claramente distintas.
Un álbum excelente, que resulta indispensable para entender la situación actual francesa y el porqué de la combatividad de su sociedad.
Y un tirón de orejas a Ponent Mon, porque si bien su calidad de reproducción es excelente, como siempre (de hecho, me parece de más calidad que la de Delcourt), la traducción deja esta vez mucho que desear. No evita la lectura del tebeo, pero se han colado demasiados galicismos y giros gramaticales propios del francés, que muchas veces suenan “raros” y puede incomodar a algunos lectores. (4)