¿Se acabó la magia?

Historias privadas continúa la vuelta de Alack Sinner. Tras el reencuentro con Sophie narrado en El final de un viaje, Sinner debe enfrentarse a una sorprendente noticia: su hija Cheryl ha sido detenida por asesinato. Un problema que le lleva a volver a Nueva Cork y descubrir que la situación es todavía más compleja, ya que su hermana Toni ha desparecido sin dejar rastro. Con este punto de partida, Muñoz y Sampayo reconstruyen ante el lector la vida familiar de Sinner, en el que las tres mujeres más importantes de su vida, Sophie, Cheryl y Toni tomarán protagonismo. Manejando con habilidad los dos relatos paralelos, los autores consiguen además un durísimo alegato contra el sistema policial americano a la vez que un retrato desolador de la soledad madura. Una sólida historia, con un Muñoz desbordante, expresivo hasta el extremo de conseguir que las miradas de sus personajes sean cuchillos que nos atraviesan, que salen del papel para clavarse en nuestras retinas.
Sin embargo, y pese a la calidad del álbum, hay algo en este Sinner que me desconcierta, que lo separa de las primeras historias de Sinner. Es como si la vuelta del detective hubiese sido impuesta y el protagonista vagase por la historia triste, contra su voluntad. Ha desaparecido la bulliciosa vida que poblaba las viñetas de Muñoz. Ya no hay mil y un personajes que cuentan sus historias en segundo plano, ya no hay esa vitalidad efervescente de antaño. Ahora, Sinner está sólo, es como si el mundo hubiese desaparecido alrededor de él. Su mirada nos taladra como diciendo: “me has hecho volver a un mundo que ya no me interesa, que no es el mío”.
Quizás es sólo una impresión mía, no lo sé, pero no quita que se pueda disfrutar sobremanera de su lectura (4).

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