Dragon Ball o “si lo saben hacer, ¿por qué no lo hacen?”

Llega la esperadísima edición “definitiva” de la obra más conocida de Akira Toriyama, Dragon Ball, todo un superventas que fue responsable del primer gran estallido del manga en nuestro país. Visto ahora con el tiempo, es evidente que aquella primera “invasión” de tebeo nipón fue un espejismo escondido tras el arrasador éxito de las aventuras de Son Goku y sus amigos. Ni siquiera Akira podía hacer sombra al pequeñajo luchador.
Y es que, hay que reconocerlo, Toriyama consiguió una serie ejemplar. Supo apelar de forma universal al niño que todos llevamos dentro para que con su serie disfrutasen niños de todas las edades, desde los de 6 años hasta los de 60. Apoyándose en la leyenda del Rey Mono (que por entonces, todo sea dicho, sólo se conocía en España gracias a la versión en historieta de Silverio Pisu y Milo Manara), Toriyama emprendió una larguísima novela río en la que sus personajes crecían, se convertían en héroes que salvaban al mundo, pero sin perder nunca ese punto de ingenuidad y gamberrismo propio de la infancia. Como una esponja, Toriyama fue incorporando todo tipo de referencias a la serie, desde las leyendas japonesas clásicas a la literatura europea pasando por el cine, manteniendo siempre vivo el interés, creando un pastiche alucinante de influencias y géneros que hace de la sorpresa la costumbre. Si a eso le añadimos una narrativa dinámica y epatante, que engancha desde la primera página con habilidad demoníaca, es de pura lógica deducir el éxito que tuvo la serie. Aún hoy, más de veinte años después de su creación, Dragon Ball sigue siendo una obra de una frescura increíble, divertida como pocas, de la que se agradece su lectura.
Pese a que se ha editado en todos los formatos posibles, se agradece este “formato definitivo”, en la que se incluyen las páginas a color y las de bitono (supongo que provenientes de los magazines originales donde se serializó) y con una calidad de reproducción extraordinaria. (3+)

Sin embargo, la pregunta viene instantáneamente: si es posible editar con esta calidad y cuidado…¿por qué la edición de 20th Century Boys es tan horrorosa? ¿Qué diferencia una obra de otra? ¿No se debería tener el mismo cuidado siempre? Si la edición de Dragon Ball es un ejemplo de cómo hacer un producto cuidado para el mercado de quiosco, la de 20th Century Boys es todo lo contrario, con una calidad de reproducción próxima a la fotocopia, con moirés a tutiplén, negros empastados, viñetas quemadas y reproducción en un espantoso BN de las viñetas en color.
Poner al lado las dos ediciones debería sacar los colores…

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