Prosopopeya (again)

Aprovecho que Glenat edita Prosopopus, de Nicolas de Crécy para releerlo y recuperar la reseña que hice en su día cuando leí el álbum en francés (lo que, en este caso, no tiene ningún mérito, todo sea dicho).

Dice el diccionario de RAE:

Prosopopeya.(Del gr. ??????????? ).
1. f. Ret. Figura que consiste en atribuir a las cosas inanimadas o abstractas, acciones y cualidades propias de seres animados, o a los seres irracionales las del hombre.
2. f. coloq. Afectación de gravedad y pompa. Gasta mucha prosopopeya.

Eso dice, desde luego. Pero de ahí a lo que logra Nicolas de Crécy con Prosopopus dista un larguísimo trecho que ha dictado su imaginación. Según el prólogo del álbum, el prosopopus es un animal mitológico peligrosísimo que se nutre tanto de leche fermentada como de hombres. Según de Crecy, el prosopopus es nuestra propia consciencia, nuestro remordimiento en forma de extraño monstruo más propio de los dibujos animados.
Es Prosopopus un álbum extraño, como el estilo de su autor, en el que un esbirro, un asesino mata a un hombre en medio de la calle, sin que conozcamos sus razones. Pero, de forma inexplicable, la sangre del hombre, el humo de un cigarrillo, el semen derramado con una puta y el aire polucionado de la ciudad se mezclan para dar a luz a un increíble ser que se instalará en la casa del desprevenido esbirro. Un ser que nos llevará en un alucinante viaje por las razones del asesinato, demostrando que todo en la vida está conectado, desde la gota de agua que cae por una cañería al amor que nace de la traición, de la muerte a la creación pictórica. De Crécy juega con la narración, la retuerce y descoloca, mezclando el género negro más clásico con una suerte de alocado dibujo animado protagonizado por una especie de Barbapapá psicótico, logrando un álbum que va directamente a las vísceras y desde ellas asciende a la razón.
Tan bello como terrorífico, Prosopopus es uno de esos álbumes ante los que es imposible quedarse indiferente. (4)