Lecturas peligrosas

Como han sido días de contrición y penitencia, servidor, respetuoso con las costumbres nativas, se ha dedicado estos días a sacrificarse, acercándose al temido y odioso tebeo mainstream americano, que ya se sabe que es obra del diablo y que su sólo contacto provoca terribles convulsiones en los defensores del gapastismo. Pero como buen pecador, sé que la redención sólo viene a través del dolor, así que me he dedicado a leer tebeos yanquilandeses en V.O. sin subtítulos, por aquello de hacer más terrible la penitencia.
Os hago una rápida recensión de cada uno de los leídos.
Comencemos por lo peor, que ha sido la truñosísima House of M, un intento por parte de Marvel de hacer mega-crossovers a través de muchas colecciones, conseguir muchos lectores que se tengan que comprar las numerosísimas serie colaterales y, de paso, darle una mano de pintura al universo Marvel, cambiarlo un poquito y, quién sabe, ganar algún despistado lector que pase por allí. Para el intento, se inventan una especie de parábola de Mundo Feliz superheroico, en el que los superhéroes viven en un mundo de cuento, con sus palacios, reyes y demás y son además lo grandes protagonistas de este mundo de ensueño. El caso es que el planteamiento de la idea es a priori interesante, pudiendo explorar multitud de “What if” paralelos de forma simultánea para analizar la idea del superhéroe, pero parece que, como ya es habitual, Bendis no destaca por se de imaginación desbordante, por lo que opta por seguir el camino Matrix, plagiando descaradamente el esquema “te voy a sacar del sueño y vamos a luchar contra él”, con sorpresas tramposas y demás parafernalia. Al final, la cosa no sólo no tiene sentido alguno, sino que parece que no tenga la más mínima importancia que lo tenga. Un (0), pero tenía que leerlo, entendedme.
Afortunadamente, mi segunda lectura ha sido mucho más interesante, ya que Ex-Machina ha logrado congratularme con Brian Vaughan, un guionista demasiado sobrevalorado a mi entender en obras que no pasan del simple aprobadillo como Runaways o Y, el último hombre. Sin embargo, debo reconocer que en esta serie ha conseguido convencerme, con un planteamiento original y, sobre todo, bien llevado. Vaughan plantea un mundo con un único superhéroe (no especialmente espectacular o superdotado, su poder es comunicarse con las máquinas), que llega a la alcaldía de Nueva York tras los sucesos del 11-S. Y su problema es, a partir de ese momento, enfrentarse a los problemas diarios, desde la provocación de un artista que consigue sublevar a la minoría negra y blanca o el matrimonio homosexual, en lucha constante con los periódicos y los lobbies. El planteamiento de Vaughan de la serie es inteligente, jugando a un alejamiento ligeramente humorístico, que le permite no renunciar a la crítica abierta de la política americana e incluso dejar correr soterradamente una línea argumental más superhéroica en forma de clásica teoría de la conspiración. Una serie que se lee con agrado, destacando especialmente la impresionante labor de Tony Harris, espléndido en el apartado gráfico, que ha mejorado de forma espectacular la gestualidad facial de sus personajes para la serie (siguiendo la larga estela de Maguire, todo sea dicho). Una serie que debería publicar ya Planeta por estos lares (3).
La tercera serie venía avalada por las múltiples candidaturas en los Eisner: Desolation Jones, de Warren Ellis y J.H.Williams III. La verdad es que tenía bastante interés en su lectura, pero la decepción ha sido Total. Parece ser que Ellis quería escribir alguna historia de Hellblazer, así que falto de posibilidades por el momento, se ha decidido a crear un personaje que es exactamente un trasunto del amigo Constantine. Un detective, ex-agente secreto que ha pasado por un ignoto proceso de “desolación” que le confiere una especie de capacidad de “haberlo vivido y estar de vuelta de todo” se enfrenta a un extraño caso en el que tiene que recuperar unas cintas pornográficas grabadas por Hitler. Un punto de partida curioso, pero que Ellis usa para recrear esta suerte de mezcla de Constantine y Spider Jerusalem sin preocuparse más que en hacer unos diálogos zahirientes y supuestamente originales. En el fondo, no hay demasiadas diferencias entre esa serie y otras anteriores suyas, excepción hecha de los espectaculares lápices de J.H.Williams III, de una calidad excepcional, a años luz del guión que ilustran. Planificaciones de página rotundas, transiciones gráficas atrevidas, una labor mucho más destacable que la de Ellis, demasiado entretenido en provocar bienpensantes mentes republicanas. Es indudable que se deja leer, pero poco más (1+).
Y la última, los tres números aparecidos de Next Wave, de nuevo con Warren Ellis, que esta vez firma una gamberrada sin más ambiciones que reírse de los grupos de superhéroes clásicos, más específicamente de Los Vengadores. Siguiendo la línea hiperviolenta de otras creaciones suyas, como The Authority, Ellis se ríe de los héroes, de los villanos (nada más y nada menos que un godzilla gigante con calzoncillos, una referencia a un personaje clásico kirbyano) y de lo que toque. Incluso hay una organización secreta llamada H.A.T.E., dirigida por un sujeto tuerto que fuma puros con tendencias suicidas. Mucho chiste pasado de rosca, basado en la escatología pura y muy lejos de la inteligencia de un Dan Slott, por ejemplo, pero que al final consiguen que, de vez en cuando te rías un poco leyendo el tebeo. Eso sí, espléndido Immonen, con un nuevo cambio de estilo radical de esos a los que está tan acostumbrado. Para reírse un ratillo, aunque me temo que los siguientes números caerán fácilmente en la repetición (1).
Bueno, tampoco ha estado tan mal la cosa… :).

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