Reciclando gatos

No, que nadie se me asuste ni marque rápidamente el teléfono de la Sociedad Protectora de Animales. Que si bien es cierto que más de una vez hubiera reciclado a mis gatos en forma de paella o rica hamburguesa (sobre todo uno que yo me sé, yo ya me entiendo), en este caso el título viene por esa maravillosa costumbre mía de reseñar tebeos en idiomas bárbaros, que me permite hacer uso de esa maravillosa cosa llamada “corta y pega” (vulgo anarroseo, pero de mí mismo, oigan, que eso no tiene delito) para poner lo que ya en su día dije del cuarto álbum de El Gato de Rabino de Sfar, El Paraíso Terrenal. Decía yo entonces (con unos pequeños cambios, por aquello de que la edición ahora es en castellano:

“Acabo de leer El paraíso terrenal, la cuarta entrega de El gato del Rabino, y no puedo más que descubrirme. La cuarta entrega de esta serie rompe radicalmente con las tres anteriores, vuelve a su Argelia natal y se centra en el Malka de los leones, creando un cuento de cuentos, una pirueta narrativa en la que ficción y realidad se mezclan sin que en ningún momento sepamos muy bien dónde nos encontramos. ¿Quién nos cuenta la historia?¿Sfar o el Malka? Lo único cierto es que la capacidad de fabulación se transmuta en protagonista de la historia, hasta que Sfar nos despierta del ensueño bruscamente, con un baño de realidad que nos enfrenta a la cruel realidad y que aprovecha para hacer una durísima invectiva contra los que defienden la violencia del enfrentamiento antes que el diálogo. Sfar demuestra sobradamente que es uno de los grandes autores de historieta de este milenio.(4)”

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