El antecendente directo de Watchmen

Pese a que el mensaje de El Unoha envejecido bastante mal en estos veinte años, es posible que, si Watchmen no hubiese existido, se recordase todavía hoy a este tebeo como el punto de inflexión clave en la historia del género de superhéroes. En el momento de mayor apogeo de la era Reagan, Rick Veitch usó el género de superhéroes para lanzar una crítica mordaz y salvaje hacia la carrera armamentista, planteando cómo serían usados los héroes en un mundo real donde el miedo al invierno nuclear era tangible y real. Pero si lo superhéroes clásicos eran una exaltación de los mejores valores de la humanidad, en El Uno los superhéroes creados por el hombre sólo hacen que exagerar sus peores defectos, evidenciando la corrupción de los gobiernos a los que sirven, en servidumbre a los poderes económicos representados por el odioso Itchy Itch. Una durísima serie que, sorprendentemente, publicaba una editorial mainstream como Marvel a través de su sello Epic. Pero los años 80 eran todavía deudores del “flower power” hippie y Veitch no dudó en incluir en su obra un mensaje acorde a la filosofía de “unidad en lo espiritual a través del amor”, que hoy se nos aparece casi como una cursilada de gran calibre, lastrando quizás en demasía la lectura actual de esta serie (un mensaje que tiene multitud de coincidiencias y similitudes con el que Alan Moore lanzaría apenas unos años después en Watchmen, una conexión lógica habida cuenta de la relación entre ambos autores, que reconocen no sólo su amistad a través de su colaboración, sino su mutua admiración). Es evidente que los profundos e inesperados cambios que se han producido en el mundo desde la caída del muro hasta los ataques terroristas del 11-S dejan en cierta forma obsoleta la vía de denuncia elegida por Veitch, pero eso no quita para que su lectura siga siendo un estimulante ejercicio para la inteligencia y el análisis, sino histórico, sí como ejercicio metalingüístico sobre el género, con muchísima mala leche y con multitud de guiños aficionados al tebeo desde la primera página (con esa genial parodia de Richie Rich que es Itchy Itch).
Y de lo que no cabe ninguna duda es que El Unoplanteó por primera vez, de una forma seria y consistente, el uso del género de superhéroe para algo más que el entretenimiento, como vehículo de un mensaje adulto y reflexivo, con un planteamiento integral de la serie donde todo es importante, hasta las geniales portadas que, desgraciadamente, se han perdido en esta edición. Un uso del género que Veitch completaría con dos obras más que completan su “trilogía heroica”, BratPack y The Maximortal, en las que el mensaje se endurece y agría, consiguiendo de paso uno de los más inteligentes análisis sobre el superhéroe que se ha hecho en el tebeo. No estaría de más que Norma completase la publicación de esta trilogía. (4-)
Enlace: entrevista a Veitch

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