Pensamientos sobre el Saló

Estamos a una semana justo del comienzo del Salón del Cómic de Barcelona, quizás el momento más esperado por los aficionados de este país.
Pero realmente, ¿qué podemos esperar del Saló?
En principio, es de esperar que el cambio de dirección tenga resultados todavía poco visibles. Hay, es cierto, algunas pistas que dan una idea clara de intento de renovación: en primer lugar, una mayor apuesta por las actividades del Salón, que comienzan por la novedad de las “Comunidades Invitadas” y que sigue con un cambio real en las mesas del Saló. Agonizantes en los últimos años, se ha buscado claramente su repercusión mediática y la presencia de invitados que puedan atraer la curiosidad de personas que no son aficionadas al tebeo. Una elección lógica y razonable, en tanto en cuanto es evidente que los autores de historieta, nos guste o no, son absolutos desconocidos para el gran público. El tirón de personajes mediáticos puede hacer que mucha gente dirija su interés hacia estas mesas y que, sobre todo, los medios de comunicación presten su atención al Salón más allá de la anécdota. Podrá gustar más o menos, pero lo cierto es que si la función principal del Salón es promocionar el tebeo, ésta es una manera perfecta. Un detalle al que hay que añadir que, por fin, se ha salido en las temáticas de las mesas del círculo vicioso de “¡qué mal estamos!”, lo que se agradece.
También va en la buena dirección la consolidación de la recuperación de la Zona Profesional, con asistencia de editores de Vertigo, Marvel, Dargaud y otras editoriales, que puede ayudar no sólo a los autores españoles a encontrar trabajo en el extranjero, por desgracia, hoy por hoy, su única salida para poder vivir dignamente de su esfuerzo.
Siguen en el debe de la organización, la búsqueda de fechas más adecuadas para la celebración del Saló y una profunda reflexión sobre el propio sentido del Saló. En el primer caso, es evidente que la celebración en plena época de exámenes, a pocos días de las pruebas de acceso de universidad, no parece lo más adecuado para poder atraer al público juvenil, quizás el más preciado. Es verdad que es intención de la organización, como ya ha anunciado, buscar unas fechas más propicias, pero este año tendrá que luchar, además, con la celebración de los mundiales de fútbol, que restarán público con seguridad. Una conjunción que se ha notado en la lista de expositores, con bajas importantes en grandes librerías habituales del Saló. Los malos resultados del año pasado no han sido buenos presagios para éste y hasta la última semana todavía se podían contratar espacios en el Saló, algo insólito otros años.
Evidentemente, el cambio de fechas beneficiará, pero hay que salir de ese círculo vicioso que identifica el Saló con un gran quiosco, por el que se paga para comprar. El Saló tiene que ser la gran fiesta del tebeo en España, y tiene que aprender todavía mucho de nuestros vecinos franceses, que en estos días celebran precisamente “La Gran Fête de la BD” (lo que, todo sea dicho, ha complicado la presencia de autores en el Saló), con el apoyo de instituciones, autores, libreros y editoriales. Viendo sus resultados, parece obvio que las peleas entre editoriales, el pan del día de las reuniones del comité ejecutivo de Ficomic, deben dejarse de lado para apoyar de forma unívoca y conjunta al tebeo, en el claro convencimiento de que sólo a través de acciones conjuntas se podrá promocionar el medio. Pero actitudes cerradas y miopes, que sólo ven beneficios a corto plazo sólo llevan, indefectiblemente, al refrán de “pan para hoy y hambre para mañana”.
Esas mismas editoriales deben ser conscientes de que una cosa es la lógica y comprensible competencia empresarial y otra el medio, la historieta, los tebeos que amamos. Que sólo a través de la promoción conjunta todos venderán más tebeos.

Parece que al menos, ha imperado cierta (sólo cierta) cordura en las editoriales en cuanto al número de novedades del Saló. Tras un comienzo de año en el que el número de novedades está desbocado, parecía que este año podríamos superar ampliamente las 300 novedades del pasado, pero todo indica que este año la cosa estará en número exagerados, pero sin sobrepasar los del año pasado, con muchas editoriales que han optado por adelantar sus novedades a Mayo o incluso reducir al mínimo sus novedades. Una opción razonable ante una histeria publicadora que lo único que consigue es que las editoriales se hagan la competencia a sí mismas (algo que, por ejemplo, bien ha aprendido Planeta, con una reducción muy importante y lógica del número de novedades respecto al año pasado), saturando al lector y a los libreros, que no pueden afrontar la adquisición de todas las novedades, más con la ingrata experiencia del año anterior.
Ahora lo que queda es disfrutar de este Saló. Y el lunes 12, pensar en el futuro (bueno, y en el selectivo, ay!).

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