Lecturas saloneras (VII). Nuestra Guerra Civil

Hace setenta años este país se lanzó a la locura de una guerra fraticida. Una herida que hoy todavía no ha cicatrizado y que sigue ahí latente para muchos, desde los que prefieren tirar tierra a los que buscan todavía venganza. Pero entre todos esos extremos es necesario, como siempre nos enseña la historia, que el perdón no implica que el olvido. Que es obligado el recuerdo continuo que nos impida volver a caer en ese delirio de muerte donde nunca hay vencedores, sólo víctimas. Y Ariadna hace una propuesta excelente para ello: abordar la Guerra Civil española desde el recuerdo que aquellos que la vivieron mantienen de ella. Un recuerdo vital que el paso del tiempo amplifica o apaga, pero nunca olvida. En Nuestra guerra civil, Varios dibujantes buscan en su entorno esas historias y consiguen un nivel medio sorprendente para este tipo de antologías, siempre con la espada de Damocles de la irregularidad sobre ellos. Pero los elegidos han sabido ahondar en la memoria desde perspectivas que se complementan, desde la de un David Rubín que se reencuentra con su abuelo a partir de este encargo o la más comprometida de Felipe Hernández Cava y laura, pasando por la que es, a mi entender, la gran sorpresa del álbum, la visión de Ricardo Olivera (Fritz) apabullante y realmente conseguida, que sabe poner en una balanza recuerdo, reflexión y reivindicación. Sin aspavientos, sin excesos, pero con una contundencia implacable.
Un excelente álbum, de lectura obligada para todos aquellos que no vivieron el horror de la guerra, pero deben aprender a no repetirlo. Un gran acierto de Ariadna, que hace además una cuidada edición.

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