Lecturas saloneras (VIII). Concrete

Un hombre sufre una terrible experiencia que le confina en un cuerpo de piedra, todopoderoso, casi indestructible, pero que le aisla sensorialmente del exterior. En manos de Stan Lee esta idea dio lugar a La Cosa, el famoso miembro de los 4 Fantásticos, de descomunal fuerza y siempre amargado por su rocoso aspecto. Un tebeo divertido, sin duda, pero con un desarrollo del personaje del que no se sacó todo el jugo posible. Algo que sí ha hecho Paul Chadwick en Concrete, partiendo de la misma idea pero centrándose en el personaje. Con gran inteligencia, a lo largo de los tres lustros de vida de este personaje Chadwick ha ido explorando cómo puede un hombre vivir aislado de su entorno, ha sabido profundizar en sus sentimientos y ha sabido construir una de las series más fascinantes del tebeo americano de los últimos tiempos. En las historias cortas de Concrete el autor sabe transmitirnos la importancia de esas pequeñas cosas que apenas valoramos en nuestra vida diaria: la sensación de aire en la cara, los olores, la caricia de una mano…, todo lo que le ha sido arrebatado a Ron Lithgow por los experimentos de una extraña raza extraterrestre que transplantó su cerebro a un cuerpo de hormigón.
Pero Chadwick no se quedó ahí. Supo hacer uso de su personaje para ir analizando poco a poco la sociedad que le rodea, reflexionando sobre la realidad que envolvería a un superhéroe en nuestra sociedad actual. Buen conocedor del mundo de los mass media, plantea con habilidad cómo un personaje de estas características sería manipulado por los políticos, pero también su explotación como una marca comercial más, aprovechado por todo tipo de medios y campañas publicitarias, antecediendo la línea que seguiría Milligan años más tarde en X-Statix.
Es común la clasificación de Concrete dentro del género de superhéroes, pero por su características, temática y planteamiento, la serie de Chadwick se encuentra en las antípodas del género. No es una reflexión sobre los superhéroes, es una incursión en la naturaleza del ser humano y de la sociedad vista desde una perspectiva racional en la que las sensaciones han sido cercenadas, reduciendo el ser humano a su cerebro. Una perfecta excusa para una paradójica reivindicación de la pasión en las relaciones humanas.
Pero es que, además de una excelente historia, Concrete es todo un ejemplo de lo que debe ser un buen tebeo. Chadwick demuestra un dominio espectacular del storytelling. Vuelca su experiencia en la confección de storyboards (su profesión habitual) adaptándola y transformándola a las necesidades específicas de la historieta, con una excelente planificación y sentido del ritmo narrativo, sin veleidades, pero sin renunciar a experimentos arriesgados de planificación en muchos momentos.
Norma publica ahora la reciente edición completa de Dark Horse, en la que se publican las aventuras del personaje ordenadas cronológicamente según ocurren en la vida de Concrete, eso sí con un pequeña reducción de tamaño respecto al original en comic-book que afecta relativamente poco a la lectura (y que contrasta espectacularmente con la anterior edición que hizo esta misma editorial del personaje en la colección BN, de gran formato, que contiene algunas de las historias que vemos en este primer volumen). Concrete I. Las profundidades es una excelente ocasión para hacerse con una de las mejores series americanas de la historia. (4)

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