Lecturas saloneras (XXI). El Ángel Caído

Peter David podría ser fácilmente definido como uno de los guionistas que ha aportado ideas más frescas y originales al mainstream en la década de los 90. Aunque también podría achacársele ser uno de los que peor ha desarrollado esas ideas, paradójicamente porque parece confiar poco en sus propias ideas. Sirva de ejemplo su paso por series Marvel como Hulk o X-Factor, con puntos de partida que contrastaban con fuerza con la preocupante falta de ideas que sus colegas de la época sufrían. La imaginativa conversión de Hulk en un matón de Las Vegas es un paradigma de lo dicho: un punto de partida que podía haber abierto toda una nueva vida al personaje, pero que demuestra también mi segunda aseveración, motivada en este caso por la mala costumbre de este guionista de intentar estar “a la moda”, transformando lo que podría haber sido una gran saga en una especie de historia de terror con demonios, mundos de pesadilla y demás personajes mágico-demoníacos del universo Marvel para incorporar la moda que arrasaba en DC. Una empanada de gran calibre en la que ambos temas naufragaban. Pese a todo, siempre ha salvado sus series por sus excelente sentido del humor, una característica que cuando se alza en protagonista consigue los mejores momentos de este guionista (curiosamente, en series de clara vocación infantil).
Una razón que siempre me ha llevado a seguir la obra de este guionista desde los tiempos de Hulk o X-Factor, pasando por Dreadstar, Spy Boy, Soulsearchers and Company, Sachs and Violens y llegando a El Ángel Caído publicado por DC y ahora recopilado por Norma.
Una serie en la que David vuelve a caer en esa manía de intentar incorporar lo que “está de moda”, en este caso tomando de partida elementos de series tan variadas como Preacher o la “ultradureza” de las series de Millar o Ellis para construir una parábola místico-religiosa de una justiciera nocturna que se sugiere pueda ser un ángel caído. Añádasele una ciudad de pecado al mejor estilo de Nueva Orleáns y unas tramas que giran alrededor de la corrupción, sexo y drogas para que parezca que estamos ante una serie “adulta”. Sin embargo, David olvida su salvador sentido del humor para centrarse en unos diálogos teatrales y vacuos, así como en unas tramas donde parece ofuscado en acumular excesos que demuestren que estamos ante una serie adulta.
Al final, de nuevo, una empanada sin pies ni cabeza que no cumple ni siquiera el mínimo requisito de entretener, pero del que se debe salvar la sólida labor de David López, que es el único que mantiene el tipo en el naufragio con una labor gráfica que es lo único que justifica su compra. (1-)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation