Comentarios (gafapastosos, claro) al plan de Planeta

Planeta ha dado a conocer en su página web el plan editorial para DC para el segundo semestre del 2006. En un largo comunicado firmado por David Hernando, nuevo editor DC de Planeta, se hace un completo repaso a cuáles serán las series y formatos que verán la luz a partir de Septiembre. Desde luego, la primera impresión que uno obtiene es la sensación de que la editorial quiere quitarse de encima las actuales etapas que está publicando y acercarse lo más rápidamente posible al momento actual de DC, para comenzar con las Crisis Infinitas, el megacrossover que acaba de finalizar en EEUU y que le permitirá olvidarse de los dolores de cabeza que ha sufrido hasta ahora. Una opción que ya era lógica hace un año y que ahora obliga a acelerar las ediciones, con números dobles, triples, tomos, etc, con el estreno de Crisis de Identidad en Octubre, una famosa miniserie en la que Brad Meltzer aplica las trampas típicas del best seller que tan bien conocer y que podría haberse extendido durante meses, obteniendo un renombre quizás excesivo para su calidad.
En general, y con bastante lógica, las series que se han elegido para el relanzamiento de DC en España son las más comerciales: Batman, Superman, Green Arrow, Green Lantern, JSA o JLA, personajes de renombre que irán en algunos casos a remolque de los estrenos cinematográficos. Una opción razonable desde el punto de vista comercial pero que, a primera vista, olvida alguna de las grandes miniseries que ha publicado DC en los últimos años.
En cualquier caso, algunas cosas de interés hay, como ese Batman: Ciudad del crimen de David Lapham, una curiosa incursión del creador de Balas Perdidas en el famoso personaje y el anuncio de la publicación de alguna saga de Legends of the Dark Knight, donde se encuentran algunas de las mejores sagas que se han publicado por el personaje, aunque las elegidas inicialmente son bastante flojas.
Respecto a Superman, se inicia coleccionable con la excusa de la película, eligiendo la etapa de John Byrne, irregular, pero de interesante lectura y con algunas buenas ideas, en lo que quizás es la última obra interesante de este autor. Edición en tomo de la muy flojita Superman:Legado o la directamente mala Biografía no autorizada de Lex Luthor y anuncio de un volumen con una selección del paso de Pasqual Ferry por Action Comics, una etapa que no se puede calificar como la mejor de este gran dibujante, muy inferior al gran trabajo que hizo, por ejemplo, en Adam Strange.
Sin embargo, si lo que son las series regulares de DC no son especialmente atractivas, todo lo contrario se puede decir de los anuncios de la línea de Clásicos, de la que destaca con fuerza la edición absolute del Green Lantern/Green Arrow de Neal Adams y Denny O’Neil, quizás uno de los mejores tebeos que el género de superhéroes ha brindado. Una obra maestra del tebeo que se verá acompañada de la continuación de los Archivos de Batman y Superman, ediciones de interés puramente arqueológico para un lector poco habitual, pero apasionantes para el estudioso del tebeo. Compras fijas a las que habrá que sumar la novela gráfica Perros hambrientos, con la que Jack Kirby cerró su Cuarto Mundo. También se anuncia el flojísimo Manhunter de Simonson, quizás su peor obra para DC.
Y para acabar, se anuncia también la edición de Seven Soldiers, una miniserie de Morrison que intenta recuperar estos personajes, pero que hace de la irregularidad su bandera, debatiéndose entre episodios espantosos y otros entretenidos.
Aunque no haya muchas noticias interesantes, se observa una línea mucho más definida en la errática edición de DC en España, optando por la opción más lógica: aprovechar la refundación del universo DC que propone Crisis Infinitas y la posterior saga 52, que permitirá que el lector se pueda enganchar con mucha más facilidad a las series.

Lecturas saloneras (XXVII). Roco Vargas 8: La Balada de Dry Martini

Sinceramente, no me esperaba absolutamente nada de la octava entrega de Roco Vargas: La Balada de Dry Martini. Es más, hago confesión pública de que su lectura se me hacía muy cuesta arriba tras las decepciones continuadas de El juego de los dioses y Paseando con monstruos, dos anécdotas en la obra de Torres en la que la desgana y la desmotivación campaban por todas y cada una de las páginas. Las tramas, alargadas, apenas dejaban vislumbrar la calidad de las primeras historias de Roco pero, además, eran simplonas y sin vida, contrastando con la lección de magisterio narrativo que en su día nos ofreció con La Estrella Lejana.
Pero pese a todo, mi querencia por el autor me llevó a leer el nuevo álbum, aun cuando preveía un naufragio total si se seguía la línea descendente de los anteriores.
¡Y qué sorpresa oigan! ¡Ha vuelto Daniel Torres!
Afortunadamente, y contra todo pronóstico, La Balada de Dry Martini recupera algunos de los mejores momentos de la saga de Roco vargas, con una sólida historia centrada en el misterioso personaje que aparecía en los anteriores álbumes. Con habilidad, Torres cierra la trama y da una coherencia a las dos anteriores entregas que, por sí solas, no tenían, pero sobre todo da una lección soberbia de narrativa, con un arranque espléndido del álbum, en el que se cuenta la historia de Dry Martini. El propio personaje actúa de narrador, contando su historia a un segundo, que suponemos es Roco Vargas. Narrada con una puesta en escena elegante y con una eficacia que no recordaba en sus obras desde El Octavo Día, Torres construye una excepcional revisión del mito del moderno Prometeo, entroncando de nuevo con los clásicos de la literatura ciencia-ficción, pero desarrollando una profunda reflexión sobre un ser humano elevado a la categoría de Dios, pero sin olvidar dar un buen par de tundas a la competitividad salvaje sin sentido. Torres ha sabido sintetizar la tradición literaria del robot en busca de sentimientos humanos para ir un paso más allá y hacer una brillante disertación sobre el derecho a la existencia desde la razón y la inteligencia.
Sin llegar a los mejores momentos de la serie, La Balada de Dry Martini consigue que olvidemos de un plumazo las dos anteriores entregas, con un álbum que no tira por tierra la calidad de una de las mejores series que se han publicado en España, Las aventuras siderales de Roco Vargas. A destacar el excelente trabajo de Paco Cavero a las tintas y color y poner como única pega que, aunque no sea estrictamente necesario, el álbum precisa de la lectura de las dos anteriores entregas para situar personajes y situaciones. (3)

Novedades Dibbuks Julio

(**)- Koma T1. La voz de las chimeneas, de Pierre Wazem y Frederik Peteers. 24 x 32 cm. 48 páginas a color. Cartoné al cromo. PVP:12 euros. Es el primero de una serie de siete. En Francia acaba de aparecer la cuarta entrega por parte de los de Humanoides.
Cuentos Perversos 1, de Richard Moore. 21 x 29,7 cm. 80 páginas en b/n. Rústica cosida con hilo. PVP:12 euros.

Lecturas saloneras (XXVI). Héroe al cuadrado

Muchas ganas le tenía yo a la lectura de la nueva creación de esta pareja de guionistas que se ha convertido en la referencia de una forma de entender el género superhéroico basada en el humor y el desenfado. Tenía ciertos prejuicios, debido fundamentalmente a cierta repetición de esquemas que comenzaba ya a ser preocupante en las obras de estas pareja. Si bien las nuevas entregas de la JLA eran divertidas, se detectaba cierto anquilosamiento en una fórmula de éxito a la que los autores parecían aferrarse en demasía, que se demostraba con la exportación del modelo JLA a Los Defensores, una amena lectura, con algunos momentos realmente hilarantes, pero que sólo hacía que prolongar los hallazgos de una serie a otra.
Y aunque las primeras páginas me hacían temer lo peor, con una transposición casi clónica de la pareja Lord Khan/L-Ron de la JLA a Calígine/Sloat de este Héroe al cuadrado, lo cierto es que rápidamente la serie busca nuevos caminos dentro de esa lectura paródica y humorística del superhéroe, jugando con el encuentro del aturullado Milo con su alter ego de una dimensión paralela, el Capitán Valor, lo que permite a Giffen y DeMatteis contrastar el mundo real con el de los superhéroes, enfrentándolos y desplegando un inagotable continuo de referencias a todo tipo de series, tanto de DC como Marvel.
A diferencia de su famosa creación, la introducción del mundo real permite a estos dos guionistas desarrollar un humor más urbano, más alejado del practicado en JLA y claramente entroncado con el cinematográfico de Kevin Smith en películas como Mallrats o Clerks, lo que se traduce en un tebeo que, sin renunciar a las galácticas peleas que son sello de la casa, puede bucear con tranquilidad en otras temáticas más ajenas al género, sobre todo en esa satírica reflexión sobre las diferencias entre el mundo real y el de ficción.
El mayor pero que se le puede poner es, quizás, que ese intento de salir de la fórmula de éxito les lleva a veces a caer en ciertos estereotipos en exceso manidos, aunque en su defensa se puede decir que, pese a todo, no dejan de ser divertidos.
Mención especial para Joe Abraham, un dibujante que sin llegar a las excelencias de Kevin Maguire, consigue realizar un espléndido trabajo y que los gags resulten realmente divertidos. (2+)

Lecturas saloneras (XXV). Ray

Ray, de Akihito Yoshitomi sigue al pie de la letra los pasos de Black Jack, la gran serie de Tezuka, una serie a la que homenajea explícitamente en el argumento y que se usa como explicación de esta extraña mujer que se dedica a realizar arriesgadas operaciones de cirugía en las circunstancias más extralimitadas, dotada de una visión de rayos X gracias a un trasplante de ojos que se le hizo. Uniendo la tradición de series médicas tan del gusto del lector japonés (con buenos ejemplos como la ya comentada Black Jack o la interesante Say hello to Black Jack) con tramas futuristas y policiales, Yoshitomi logra un pastiche tan curioso como atractivo, que es llevado con oficio y buen pulso. No llega, desde luego, a la calidad de las series antes citadas, pero cumple a la perfección su cometido de entretener y crear un clima de tensión en esas operaciones en las que cada segundo cuenta, mezclando con habilidad estas historias con una atractiva trama paralela de “cría de humanos” para trasplantes. Para pasar un buen rato (2-).

Lecturas saloneras (XXIV). El Escorpión 6

La sexta entrega de El Escorpión, de Desberg y Marini, sigue con tranquilidad y sin histrionismos la senda marcada desde el primer número: una intriga histórica en la que se entremezclan disputas religiosas y teológicas, llevada con oficio por Desberg con el único objetivo de entretener y conseguir que el lector pase un buen rato. El principal pero que se le puede objetar a la serie es que se le notan en demasía las hechuras, los trucos casi de manual que el guionista utiliza para alargar la trama e ir introduciendo giros de guión para poder proseguir con su historia durante el mayor tiempo posible, lo que se traduce en una cierta irregularidad dentro de la rutina. Así, si el anterior volumen parecía que el argumento de la búsqueda de la cruz de San Pedro perdía fuerza a cada página, en éste Desberg da un giro de timón radical que consigue insuflar un poco de oxígeno a la serie, por lo menos para que dure una entrega más. Pero Desberg no es Van Hamme, y olvida que el eje vehiculador de cualquier serie son sus personajes, que en El Escorpión quedan siempre en exceso planos y previsibles, lo que deja la historia demasiado a merced de los golpes de efecto imprevistos.
Pese a todo, un tebeo entretenido, que se lee a gusto y en el que Marini cumple de forma rutinaria, demostrando que las expectativas que creó en sus primeras obras se han diluido con el tiempo. (1+)

Lecturas saloneras (XXIII). Yo soy Legión 2. Vlad.

El primer volumen de esta serie de intriga de política-ficción con elementos paranormales, realizada por Fabien Nury y John Cassaday planteaba un punto de partida interesante, adentrándose en el desarrollo de un arma de destrucción masiva basada en los poderes paranormales de una niña. Una historia muy influenciada por la moda televisiva de series con elemento fantástico y en la que destacaba especialmente la cuidada labor de Cassaday, que daba el do de pecho para su estreno en Europa. Esperaba con ganas este segundo volumen, pero debo reconocer que su lectura ha sido una completa decepción. Fabien Nury pierde completamente el rumbo de la narración y la necesidad de mantener la tensión se traduce en un confuso galimatías en el que prácticamente no se entiende nada. Lo que en el primer volumen Yo soy Legión era una cadencia a veces lenta, se ha transformado en un ritmo sincopado que consigue expulsar el lector de la trama. Si en el anterior volumen parecía que la historia se encaminaba correctamente, aquí aparecen de repente demasiadas ideas contrapuestas, desde “inspiraciones vampíricas” a tramas políticas que en ningún momento llegan a cuajar.
Una verdadera lástima, porque esa sensación de tránsito sin rumbo se contagia a Cassaday que está un peldaño por debajo de su anterior trabajo, lo que no le resta valor, pero que se traduce en conjunto en una importante decepción.
Una lástima, porque esta serie prometía mucho. (1-)