Lecturas saloneras (XXVIII). Superhéroes de ayer y hoy

Curiosa coincidencia de tres volúmenes que suponen momentos especiales en la historia del género de superhéroes.
Comencemos, por aquello del respeto, por la más antigua y, sin duda también, la mejor de las tres que nos llegan, la reedición del Nick Fury, Agent of SHIELD de Steranko. Un tebeo ante hay que hacer reverencia con genuflexión incluida, con el respeto que merece una obra que supone una nueva forma de entender la narrativa gráfica y que supone, además, un placer especial para cualquier buen aficionado a la historieta: asistir en primera fila al nacimiento de un genio.
Es evidente que Stan Lee tuvo una inspiración especial al permitir al joven Steranko que se hiciese cargo de la serie. Un novato sin experiencia que comenzó en la serie como tantos otros, copiando y mimetizando los estilos de Kirby o Buscema, pero que inició una evolución prodigiosa en la que prácticamente cada página supone un avance respecto a la anterior, que toma una velocidad fulminante en el momento en que se hace cargo también de los guiones de la serie. Steranko parte de esa base de respeto hacia los maestros, necesaria y obligatoria para cualquier principiante, para rápidamente convertirse en una especie de trituradora de todo tipo de estilos y tendencias. Asume como una esponja las influencias de las películas de espías que triunfaban en los 60, la nueva literatura negra o las nuevas tendencias del pop-art y cómo éstas se habían incorporado a la historieta de la mano de Pellaert o Devil para ir desarrollando un estilo propio y definido, jugando y experimentando a cada página. El voluminoso tomo que edita ahora Panini es un disfrute para cualquier aficionado a los tebeos, que va descubriendo cómo un autor se forma, cómo se equivoca y corrige, cómo busca nuevos caminos, los explora, los agota y encuentra nuevas soluciones para salir de los cul-de-sac en los que se va perdiendo. Un recorrido que empieza con un autor por formar y que termina con un sólido renovador del lenguaje de la historieta y que, además, es un entretenidísimo tebeo. Me abstengo de poner puntuación en este caso, porque la media no hace justicia a la lectura, que comenzaría con un (1-) e iría escalando posiciones hasta casi un (4). Y ojito, que esto es sólo el comienzo, porque Steranko alcanzó las más altas cotas de magisterio en el género con Nick Fury: Escorpio y con Capitán América, dos obras maestras de la historieta que supongo editará Panini en este nuevo formato (por cierto, mucho mejor la actual edición que la antigua de Planeta, optando por un papel que absorbe mejor los excesos cromáticos de la recargada coloración del Estudio Fénix).

Y de la mayoría de edad del género a la refundación del mismo para el siglo XXI con dos gruesos volúmenes que comparten al que sin duda es el dibujante que mejor ha asimilado las enseñanzas clásicas más académicas para adaptarlas y modernizarlas a los nuevos tiempos. The authority, con guiones de Warren Ellis y Ultimates, escrita por Mark Millar, son dos perfectos ejemplos de cómo reescribir el género para las nuevas generaciones de lectores desde dos perspectivas completamente distintas, pero con el punto común de gozar de los espléndidos lápices de Bryan Hitch.
Warren Ellis opta en The Authority por una actualización de las historias clásicas de los tebeos y pulps de los años 30 desde una óptica muy propia de finales de los 90, con una perspectiva filosófica que ha dejado de creer en la moral y en los héroes, pero también con un espíritu de provocación gamberra bastante infantil, apropiado quizás para la ola de puritanismo que invade los USA desde la época Reagan. Para dejar esa premisa clara, The Authority comienza con toda una declaración de intenciones, rememorando el espíritu de los relatos de Sax Rohmer y el Flash Gordon de Alex Raymond y Don Moore. Malignos malosos orientales de largas uñas que desean conquistar el mundo (a ser posible, con el mayor número de asesinatos de niños, mujeres y ancianas), remedos de Ming o Fu-Man-Chú que, a diferencia de lo que pasaba en los años 30, serán mutilados, descuartizados y eliminados sin la compasión del héroe. Una divertida alteración de papeles donde no sabemos quién es más violento, si el héroe o el villano. Por desgracia, Ellis pronto deja esa inspiración inicial para entrar en una espiral de provocación en aumento, que terminará enfrentando al grupo nada más y nada menos que con Dios, toda una temeridad en la época de Bush Jr, pero un callejón sin salida argumental del que es muy difícil salir y en el que Ellis se pierde. Pese a todo, una divertida lectura que siempre tiene el aliciente de un Hitch inmenso, que supera en muchas ocasiones a su maestro Alan Davis, paradójicamente, sin abandonar su camino. Excelente la edición de Norma. (2+)

Mark Millar juega con cartas similares en cuanto a provocación y un estilo más adulto de la historia, pero opta por un camino completamente opuesto al de Ellis. Si éste parte de la tradición clásica del héroe para atacarlo directamente, Millar elige partir de cero desde la nueva visión del héroe que viene de Hollywood. Si, como decía, en The Authority los referentes son el pulp y las tiras de los años 30, en Ultimates lo son Matrix y las películas de superhéroes y acción plagadas de efectos especiales de los 90. Al igual que estas películas, Ultimates tiene una producción impecable, con un guión milimétricamente pensado para su adaptación cinematográfica (casting incluido), con su cuota de incorrección política (fundamentalmente sexual), pequeñas puyas antirrepublicanas (con moderación, que son ellos los que financian), incorporación de elementos de actualidad, acción espectacular y puesta en escena perfecta a la que sólo le falta la banda sonora con vibrantes fanfarrias. El resultado es, lógicamente, un producto de entretenimiento perfecto, una montaña rusa que lleva al lector de un lado a otro, pero eso sí, perfectamente resguardado de cualquier peligro con todas las protecciones habidas y por haber. Un tebeo que es considerado como una obra maestra del género en la ya acostumbrada aplicación del principio del rey tuerto en el país de ciegos, pero que debería ser contemplado como el mínimo inexcusable que debería cumplir cualquier producción industrial americana de género: un guión bien construido (aunque cuente básicamente lo mismo de siempre, eso es lo de menos en estos casos) y un buen apartado gráfico, soberbio en este caso (bueno, aquí se puede ser tolerante, Hitch está en un estado de gracia sólo reservado a unos cuantos, ojito con los cambios de estilo narrativo entre una y otra obra, sutiles pero muy interesantes), que den un excelente rato de lectura sin más ambiciones que eso, pasar el rato, aunque para ello haya que pagar ekl duro precio de no tener personalidad propia. Verdad es que aquí se puede hacer el discurso que ya he hecho en otras ocasiones, que el entretenimiento puro no implica que se haga un producto vacuo y, si no, que se lo digan a Eisner, Caniff, Al Capp, Barry y tantos otros, que en los cuarenta y cincuenta supieron combinar a la perfección entretenimiento con guiones que iban más allá de la plantilla estándar, con personalidad y alma. Pero tal y como está la cosa, congratulémonos de que haya gente que haga buenos tebeos de entretenimiento sin más. (2)

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