Lecturas saloneras (XIX). O de lo que tira más que dos carretas

Está claro, a Frank Cho lo que más le gusta en esta vida es dibujar mujeres y dinosaurios. Una querencia que habría que estudiar, porque resulta curioso que los más fieles seguidores e ilustres alumnos del estilo de Frank Frazzetta tengan esta coincidencia de gustos, pero que dejo para otro momento e incluso para gentes más duchas que yo en estas cosas.
El caso es que, volviendo a los gustos del amigo Cho, el pobre debía estar un poco traumatizado, porque supongo que cualquier intento de combinar ambos placeres en una única historieta chocaría siempre con la omnipresencia del Xenozoic Tales de Schultz, el otro alumno, en una comparación a la que cualquier persona con dos dedos de frente preferiría no entrar.
Así que, supongo, cuando los chicos de Marvel le propusieron al creador de Liberty Meadows hacer una nueva versión de un clásico como Shanna la diablesa, se le harían los ojos chiribitas (o el culo pepsi-cola, según lo escatológico que uno prefiera ser).
Y a partir de ahí, el resto importa menos.
Porque el guión en este caso es, como se esperaba, inexistente, una simple anécdota argumental extendida hasta el infinito tomándola prestada del Aliens de Cameron, cambiando, eso sí, a la Weaver por la contundencia curval de Shanna y a los repugnantes aliens por los no menos repulsivos velocirraptores en versión Spielberg.
Leyendo el lujoso volumen que publica Panini, está claro que Cho se lo ha pasado pipa, desarrollando la inexistente trama con la habilidad necesaria para poder realizar un extensísimo catálogo de posturas y poses de la bien dotada señorita, otro de dinosaurios varios y un castillo de fuegos artificiales cuando ambos se encuentran.
Añádanse, con mesura, algunas gotitas del tradicional humor preadolescente de teta-culo de este autor y tendremos un tebeo que, pese a su extensión, se lee en un suspiro, contagiando el disfrute del dibujante al lector y dejando unos minutillos de divertida lectura. Queda en el criterio del lector si esos minutillos son suficientes para justificar la compra de la lujosa edición de Panini, pero hay que reconocer que siempre queda la opción de tomarlo como un excelente libro de ilustraciones, con algunas planchas soberbias. (1)
Eso sí, no salen tetas. Pero ni falta que hace, oigan. Aunque si la cosa es muy necesaria, aquí tienen tetas y culos.

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