Lecturas saloneras (XXX). El final de la guerra. Reseñas biográficas de Bosnia, 1995-96

No es el primero que lo hizo, pero hay que reconocerle a Joe Sacco el honor de haber sido el que mejor ha definido lo que podríamos denominar la historieta periodística. Un género que aplica los recursos de la historieta al periodismo de investigación, logrando un resultado brillante, que le permite ir un paso más allá de las crónicas al uso que estamos acostumbrados a leer en periódicos o ver en la televisión. Mientras que las primeras suelen optar por una descarnada objetividad, levemente matizada por opinión, la segunda juega con la demoledora fuerza de la realidad, imposible de rebatir, pero Sacco consigue que los recursos de la historieta, la narrativa gráfica, nos acerque un resultado triple, si se me permite: une la crónica periodística escrita con la fuerza de la imagen, pero sabe aportar a través de la secuencia un elemento reflexivo que no existe en los otros medios. Es una combinación compleja y difícil, que navega en el un delgado y cortante filo de navaja que usa la imagen tanto para mostrar la realidad como para interpretarla.
Y un excelente ejemplo de esta capacidad son las dos historias incluidas en El final de la guerra. Reseñas biográficas de Bosnia, 1995-96 , recientemente editado por Planeta DeAgostini. En el primero, Sacco retrata los horrores de la guerra de forma indirecta, acercándose a la vida tras la guerra de Soba, una artista que fue movilizado y alcanzó después cierta fama en los medios como el “artista guerrero”. Sacco disecciona con movimientos perfectos esa extraña paradoja que supone que la paz arrebate a una persona la única forma de vida que conoce, la de la guerra. Su escalpelo va recortando con precisión el vacío que queda en Soba, cómo su vida y la de los que le rodean ha quedado sin contenido, vacía ante una cotidianeidad que parecía nunca volvería. Sacco actúa de testigo de piedra, apenas presente en algunas viñetas, contando la historia desde un alejamiento sentimental que provoca una frialdad a la lectura espeluznante, retratando perfectamente a ese fantasma invisible de la guerra que queda marcado a fuego en el pueblo que la ha sufrido.
En la segunda historia, más mundana si se me permite la expresión, Sacco deja a las víctimas para centrarse en los periodistas, contando las bambalinas y entresijos de cómo se consiguió una entrevista en exclusiva con Radovan Karadzic, el terrible carnicero que promovió algunas de las más cruentas masacres de Sarajevo. Sin llegar a la potencia emocional de la anterior historia, Sacco consigue retratar la labor del reportero despojándola de ese hálito de héroe del s XXI que parece acompañar al periodista de guerra, humanizándolo y mostrando ese aspecto del que pocos hablan: ellos no son las víctimas, son simples notarios de una desgracia que ni siquiera les atañe, que desaparecerá en cuanto vuelvan a sus acogedores hogares.
Una obra excelente, de una calidad extraordinaria, que demuestra la gran capacidad de la historieta como medio de comunicación (3+).

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