¿Manga español a la francesa?

Aprovecho que Javi Rodríguez lo anuncia en un comentario del post anterior y que JAS lo explica mucho mejor en su blog: atentos a SHOGUN, la nueva revista que Humanoides prepara para Septiembre y que ya se comentó por aquí. Una revista al más puro estilo guía telefónica japonesa, de más de 300 páginas de manga en blanco y negro que tiene como característica especial que lleva la marca “made in Europa”.
Y ojito porque dos autores hispanos ponen su granito de arena: el gaditano Mateo Guerrero y el asturiano Javi Rodríguez, que se pondrán al frente de dos de las series de la revista. El primero se encargará de Lost Scion, con guiones de Roke González, con quien ya había trabajado en Crónicas de Messene. Por su parte, Javi Rodríguez desarrollará con guiones de Delphine Rieu (conocida por su excelente Alex Clement ha Muerto o por la serie Hermine) la serie Lolita HR.
Más información, en la página de la revista SHOGUN.

El cómic-book y el álbum han muerto… ¡viva el manga!

Ya he comentado muchas veces por esta página mi convencimiento de que el formato cómic-book tiene poco que hacer en el mercado actual (una idea razonada que no tiene nada que ver con mi aversión hacia él como coleccionista). Pero a poco que se vea la evolución de la historieta, y a raíz de una frase de mi anterior post y una conversación con el amigo Francisco Ruizgé (recién estrenado en el mercado galo, pero con las ideas muy claras), me parece cada vez más evidente que el álbum de 48 páginas que forma el núcleo omnipotente de la BD francesa sigue el mismo camino, curiosamente porque ha seguido un camino paralelo al del cómic-book americano.
Explico mi teoría y vosotros juzgáis.
En la última década se ha afianzado entre el cómic mainstream americano una tendencia a una narrativa menos concentrada, más basada en un número menor de viñetas por página, el famoso “decompressive storytelling”, influenciado por un lado por el omnipresente manga y, por otro, como una necesidad de una generación de autores que no podían con entregas mensuales de 22 páginas, escondiendo esta carencia con grandes “splash pages” o gigantes viñetas de posados que no tenían intención narrativa o no la conseguían. El caso es que el resultado ha sido que el tiempo de lectura de un tebeo de 22 páginas se ha visto radicalmente disminuido, hasta el punto que hoy en día la lectura de un cómic-book se realiza en un suspiro que difícilmente justifica el desembolso de los casi 3 dólares que cuesta hoy este tipo de tebeos, a lo que se debe sumar que en una entrega apenas ocurre nada e incluso los autores ya desarrollan la historia en una saga, pensando en la posterior recopilación en tomo (excepción hecha de los guionistas que provienen de la televisión). Una circunstancia que ha copiado el mercado español y a la que hay que añadir en este caso la dificultad manifiesta hoy en día de que un producto de sólo1.70EUROS que no tenga venta masiva pueda abrirse paso en los quioscos.
La BD francesa, paradójicamente, ha seguido un camino parecido: poco a poco, los álbumes han dejado de ser autocontenidos para desarrollar historias a lo largo de muchas entregas, con el agravante de que el lector tardará años en completar su lectura, a un ritmo habitual de un álbum anual. El problema es que mientras que hace treinta años un álbum podía mantener un argumento de base entre varios álbumes, pero resultaba una lectura autónoma (un buen ejemplo puede ser Valerian o cualquier serie de la época) hoy en día debemos esperar al tercer o cuarto álbum para poder tener una historia convincente (cierto, hace treinta años también existía el continuará entre álbumes, pero en estas series un lector podía acudir a la prepublicación en revista para tener su ración mensual), a lo que hay que añadir la rapidez de lectura que da una narrativa contagiada del tebeo americano y japonés. El resultado es que el formato álbum ha entrado en una crisis en el país vecino que nadie quiere reconocer, pero que demuestra el auge del manga, un formato ideal para el lector y el vendedor: da mucha lectura, al mismo precio o inferior que un álbum, con una cadencia aceptable (entre mensual y trimestral) y la misma diversidad temática que la BD. Una argumentación a la que se puede adherir el éxito del formato “libro” que ha introducido LAssociation: tomos de entre 100 y 200 páginas que suponen una lectura reconfortante y rentable para el lector, sin continuidad generalmente.
Es evidente que las editoriales han detectado el problema y están intentando variar su oferta, reduciendo el periodo entre álbumes o iniciando series de álbumes mensuales al “estilo americano”, con varios dibujantes (un buen ejemplo es el proyecto de La Historia Secreta de Delcourt, publicada aquí por Glenat), pero que, en mi opinión, son reacciones tardías ante el fenómeno manga que ya copa casi el 50% de las novedades (y ventas) del mercado galo.
¿Qué pasará en nuestro país?
Pues ni idea, pero hay que recordar que en historieta somos un país que va siempre al rebufo de lo que ocurre en los USA y, en menor medida, en Francia, por lo que lo que ocurra en esos mercados se reflejará aquí, si bien es cierto que la periodicidad anual entre álbumes podría ser reducida en España a poco que las editoriales esperasen a tener varias entregas ya publicadas, pero el éxito verdadero del manga todavía está por llegar, a la espera de un verdadero éxito de ventas en quioscos similar al que en su día fue Dragon Ball y que estandarice el tomo manga en los quioscos, un formato ideal para el quiosquero, todo sea dicho.
¿Será Naruto?

Lecturas: Koma, de Wazem y Peeters

Dibbuks acaba de publicar (primorosamente, además) el primer volumen de Koma, de Pierre Wazem y Frederick Peeters, una serie que demuestra que se pueden hacer tebeos dirigidos a un público infantil que tienen además una lectura adulta. Los autores parten de un esquema clásico de cuento, con una ciudad opresiva y sucia, en la que la tristeza es la única protagonista de la vida de la niña Addidas y su padre, deshollinador de chimeneas bastante más depresivo que el Bert de Mary Poppins y que apenas puede mantener a su hija con su trabajo. Un punto de partida dickensiano que es transformado por Wazem y Peeters en una especie de reverso de la aventura de Alicia en el País de las Maravillas cuando, al igual que aquella, Addidas cae en un pozo que la lleva a un extraño mundo subterráneo, con unos extraños monstruos de evocación mitológica que mueven extrañas máquinas. Una interesante historia a la que se debe añadir el atractivo trabajo de Peeters, un autor de dibujo impetuoso, que nace de las entrañas. Su narrativa es vibrante e intensa, y su dibujo sabe como pocos focalizar sobre la pequeña niña el hilo conductor de la imagen, contrastando la ingenua ilusión de la niña con la decadente atmósfera que la rodea. Una difícil tarea que es facilitada por la excelente labor de Albertine Ralenti, una colorista que sabe perfectamente acoplarse al trabajo de autores de estilos tan particulares como el del propio Peeters o Bourhis.
Una deliciosa historia que mezcla la fantasía infantil con una lectura adulta, permitiendo que cualquiera pueda disfrutar de esta historia, y que va creciendo tomo a tomo. Leídos los cuatro tomos publicados hasta el momento en Francia (el último aparecido este mismo mes), os puedo asegurar que la calidad e interés de la serie aumenta en progresión geométrica a cada entrega, convirtiéndose quizás en la única pega que se le puede poner a la serie (y que es común al formato álbum hoy en día en Francia), la dificultad de seguir la serie con una periodicidad anual, un problema que, afortunadamente, no tiene dibbuks, al poder disminuir la distancia entre entrega y entrega.
Una de esas pequeñas joyas de la BD que no se deben dejar pasar. (3)