Lecturas saloneras (XXXIII): Stuck Rubber Baby

Debo reconocer que, en su día, me sorprendió mucho la lectura de Stuck Rubber Baby, de Howard Cruse. En primer lugar, por el hecho de que fuera Paradox Press la que se encargara de la edición, una filial de una grande como DC (heredera descafeinada de la sugerente Piranha Press) que se atrevía con una obra que resumía con brillantez la historia del colectivo homosexual americano a través de la vida de Toland Polk, un joven sureño que debe afrontar su salida del armario en plena era Kennedy.
Pero sobre todo, me sorprendió por la impresionante calidad de la obra. Cruse, un desconocido para mí en ese momento (mi primera lectura de la obra se remonta al año 98 o así) era un reverenciado autor dentro de la comunidad gay por Wendel, pero su obra apenas se había visto fuera de esos circuitos y, mucho menos, había llegado a España, por lo que encontrar a un autor que demostraba ese despliegue de capacidad narrativa era cuanto menos, inesperable.
Casi diez años después, aprovecho la edición de Dolmen para releerla pausadamente en castellano, con una extraordinaria traducción de Diego García (a este hombre deberían clonarlo y ponerle a traducir todo tebeo extranjero publicado en España). Y no puedo menos que repetir todas aquellas sensaciones y descubrirme ante una de las grandes obras que ha dado este medio.
Curse consigue un delicado y difícil ejercicio de equilibrismo, a modo de los malabaristas que mantienen varios platos girando en lo alto de una vara sin que caigan ni paren en ningún momento. Usando el personaje de Toland Polk como eje de la narración, nos introduce en la sociedad sureña americana de los años 60, que se debatía entre la intolerancia de unas tradiciones ultraconservadoras, con una fuerte componente racista, y los vientos de renovación social y liberalidad que llegaban del norte y eran abanderados por la juventud. Un protagonista sobre el que se desarrolla un extenso reparto coral que va plasmando en paralelo los problemas de la comunidad homosexual y las reivindicaciones igualitarias de la comunidad negra, que Cruse compara acertadamente, pero sin dejar de evidenciar sus diferencias y, sobre todo, las contradicciones de aquellos que eran capaces de defender unas y no otras y viceversa. La búsqueda de la propia identidad de Toland se va transformando paulatinamente en el testimonio del cambio de la identidad de una sociedad que ve como sus cimientos morales y éticos deben evolucionar obligatoriamente.
Pero sobre todo, hay que destacar la capacidad de Cruse para humanizar a sus personajes. Sus errores, incoherencias y dudas son las de cualquier ser humano de carne y hueso, consiguiendo una cercanía completa hacia el lector, al que logra hacer llegar las sensaciones y sentimientos de todos aquellos que pasan por sus viñetas. Alegría, dolor, amor, miedo, ira… sentimientos universales que en Stuck Rubber Baby se reúnen y transmiten la lector con fuerza, pero dejando el espacio necesario para provocar una reflexión que nunca caerá en el fácil panfletarismo.
Stuck Rubber Baby es, sin duda, uno de esos tebeos de lectura obligada, que pone a la historieta al nivel de cualquier otra forma de expresión cultural y que se disfruta especialmente en la cuidada y excelente edición de Dolmen (4+).
Enlaces: Página de Howard Cruse

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation