Lecturas saloneras (XXXIV). Kamandi

A finales de los 60 y principio de la década de los 70, el mundo vivía el momento más crítico de la guerra fría. El peligro de guerra nuclear, con el serio precedente de la crisis de los misiles cubanos y con la guerra de Vietnam de fondo, la humanidad se tragantaba cada vez que alguno de los dirigentes de las dos grandes superpotencias de entonces estornudaba, pendientes de ese famoso botón rojo que podía enviar nuestra civilización a criar malvas. Una situación que fue caldo de cultivo ideal para que se desarrollase un género que llegó a tomar naturalaza propia: el catastrofismo apocalíptico. Durante esos años, el cine creó decenas de escenarios donde el mundo acababa destruido por la locura nuclear, o terribles catástrofes asolaban el planeta, desde gigantescos terremotos a incendios en rascacielos de reminiscencias babelianas, pasando por trasatlánticos puestos patas arriba o aviones estrellados.
Muy lógicamente, semejante estado de alteración nerviosa llegó a los tebeos, siendo uno de sus mejores exponentes (que no el más reconocido) la particular visión que creó Jack Kirby: Kamandi, el último chico sobre la Tierra.
Tras el fracaso del Cuarto Mundo, Kirby volcó todo su talento creativo en la creación de un mundo post-nuclear, un joven humano tenia que lidiar contra sociedades de animales evolucionados antropomórficamente. Si en referente explícito y reconocido de El Planeta de los Simios son los primates los evolucionados, en el zúrrela mundo kirbyano cualquier especie animal ha seguido el mismo camino, perros, tigres, leones, canguros… Cientos de especies que recuperan en sus enfrentamientos tribales la misma irracionalidad de la que hacía gala (y sigue haciendo) el hombre al tratar con sus semejantes. El mensaje cósmico de los Nuevos Dioses se tuvo que calzar a duras penas en este más terrenal Kamandi, pero eso no impedía al “Rey” que la épica más descontrolada campara por las páginas de esta serie, con un marcado mensaje ecologista y antibelicista enterrado, eso sí, tras sus queridos diálogos grandilocuentes y los escorzos más imposibles.
Treinta años después, no se puede evitar ver cierta sana ingenuidad en las páginas de Kamandi, que no quita vigencia a su mensaje, pero sí quizás a las formas. Si recordamos que estamos en los catastrófilos 70, y nos ponemos en situación, su lectura en un entretenimiento divertidísimo, con un Kirby que, como siempre, demuestra ser único para la narración de la épica. Kamandi es un impresionante ejercicio de la salvaje fuerza de Kirby, intensa, impetuosa, con escenas y dibujos de un dinamismo tal, que parecen intentar escapar de las páginas.
Planeta edita en su colección de Clásicos DC, en BN y en tamaño reducido (¡ay! Recordando la edición mejicana de Novaro que llegaba a España). El blanco y negro siempre ha beneficiado a Kirby, pero la reducción de tamaño hace verdadero daño a la vista. (3)
Enlaces:
Una página sobre Kamandi
Kirby en guiadelcomic.com
Pagina en castellano sobre el Cuarto Mundo

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