Un atentado a los derechos de autor

A través del hijo de Manuel Gago me llega la siguiente noticia, que reproduzco del diario Levante:

La Audiencia retira los derechos de autor a la familia del creador de “El Guerrero del Antifaz”
El tribunal da la razón a los herederos de Editorial Valenciana en base a dos contratos
La Audiencia Provincial de Valencia ha retirado los derechos de autor reconocidos por un juez de primera instancia a la familia del creador de “El guerrero del antifaz” y ha fallado a favor de la familia Puerto, heredera de Editiorial Valenciana, en base a los dos contratos firmados en 1947 y 1949 por su autor, Manuel Gago García, por los que se cedía todos los derechos sobre el personaje incluida su explotación como marca.
De esta forma, la sección novena revoca el fallo dictado por el juzgado de primera instancia número 17 de Valencia, que estimó mala fe en el registro de la revista infantil “Aventuras del guerror del antifaz”, ya que “aunque existían unos contratso”, explica, “aquéllos sólo autorizan la cesión de la propiedad de cada cuaderno u derechos de edición de la colección”. No obstante, según el recurso presentado por el abogado Santiago Soler en representación de la editorial, el tribunal entiende que no existió mala fe. En porimer lugar, la sala alude a la obligación legal que había de registrar la marca según el Estatuto de la Propiedad INdustrial, bajo pena de multa. Por otro lado añade porque “durante lo 34 años en que vivió Manuel Gago desde la publicación de la marca en el Boletín hasta su fallecimiento”, no realizó “ningún acto de reclamación, ni intento de explotación”.
Además, hace especial hincapié en los dos contratos firmados, en 1947 y 1949, por los que se transmitía la “propiedad literaria y artística de los cuadernos y colecciones”, como figura “literalmente” en el contrato. Y destaca en este punto “la gran difrencia de precio entre ambos contratos, ya que en primero se fijaba el importe de 200 pesetas y en el segundo, de 3000, cantidad importante en la época y que denota sin duda el gran éxito obtenido por la colección”.
En este sentido, la sala insiste en que no podemos considerar que el registro de la revista infantil, como marca, se efectuara de mala fe, puesto que “la explotación de la publicación estaba cedida a quien la inscribió como tal”.

Personalmente, me parece que esta sentencia lo único que hace es reconocer y autorizar legalmente los usos de una época donde los derechos de autor eran sistemáticamente pisoteados. Una cosa es que no hubiese “mala fe” en la actitud de la editorial (porque era lo habitual de la época) y otra que no sea de justicia reconocer la autoría de la obra, máxime cuando la editorial desapareció hace años reconvertida en constructora.
Una vergüenza que flaco favor ahce al reconocimiento de los grandes autores de historieta de este país.
Tenéis más sobre el tema en Una historia espeluznante.

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