Lecturas. Morlac

No sé si existen muchas similitudes entre el mundo de las matemáticas y la historieta, todo es cuestión de rebuscar, pero tras leer Morlac, de Leif Tande, la única imagen que se me venía a la cabeza era la de una cinta de Mbius. Si en ese extraño objeto lo que parece tridimensional pierde dimensiones, en la obra de Tande lo que a simple vista es una imagen bidimensional se convierte en el primer tebeo multidimensional que servidor recuerde. Un arriesgadísimo paso adelante en las propuestas radicales del movimiento OuBaPo, jugando con la secuencia de la historieta hasta el límite de sus posibilidades. Tande construye la página con una simple composición de página de 3×4 viñetas, pero cada una de ellas forma una secuencia con la que se encuentra en la misma posición de la página siguiente, creando un sentido de lectura transversal, perpendicular a la página. Sin embargo, en determinados momentos, es posible saltar de una a otra línea de secuencia mediante el simple gesto de seguir la acción de una viñeta a otra de la misma página. A partir de aquí, las combinaciones se multiplican hasta el infinito, pudiendo leer la historia en las tres direcciones del espacio y en cualquier sentido.
A partir de una única viñeta que se va desdoblando, el autor deja en manos del lector el sentido final de la lectura. No hay argumento, sino miles de argumentos, tantos como queramos construir cambiando sencillamente el orden de las páginas, algunos con sentido, otros absurdos, algunos con final, pero es posible que muchos nos lleven también al punto de partida.
Morlac es un tebeo infinito, un experimento narrativo tan osado como sorprendente, que lleva el concepto de secuencia gráfica a una nueva definición, en la que se rompe la tiranía del sentido de lectura. Es una lectura apasionante, que demuestra que todavía hay muchísimo que investigar en el lenguaje de la historieta. Eso sí, atentos porque no es plato de fácil digestión, precisa de un gran esfuerzo por parte del lector y requiere ganas por descubrir nuevos límites para el tebeo. Exquisita, por cierto, la edición de Diábolo, por cierto, cuidada hasta el extremo (3+).

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