Lecturas. Ed, el payaso feliz, de Chester Brown

Es difícil evaluar la importancia de Chester Brown en el tebeo americano actual, pero me atrevería a decir que toda la corriente de historieta autobiográfica que hoy tanto alabamos tiene su origen en Yummy Fur, el comic-book que Brown comenzó a autoeditarse a principios de los 80. Un tebeo que pronto tomó los derroteros de género autobiográfico que hoy conocemos, pero que, paradójicamente, abrió su camino con un intento de experimentación radical completamente surrealista. Ed, The Happy Clown es una obra que mostraba esas ganas de romper esquemas del joven debutante, siguiendo en este caso las enseñanzas del surrealismo y construyendo una historia que sin inicio, nudo y desenlace, improvisada, buscaba en todo momento romper moldes con giros argumentales alocados, absurdos e inesperados.
Enanos caníbales que viven en las alcantarillas, un dimensión paralela de homosexuales, la cabeza del presidente Ronald Reagan reencarnada en un glande, hermosas vampiros desnudas, monstruos de Frankenstein, ciencia recreativa, un hombre que no puede dejar de cagar, anos que son realmente portales interdimensionales… y un pobre payaso que sólo desea ser feliz. Una lista rápida y apresurada de tan sólo una parte de las cosas que se pueden encontrar en esta obra, delirios de juventud caóticos y absurdos si se quiere, pero que, al igual que en el claro referente de El Garaje Hermético, van dejando paso, paradójicamente a una extraña coherencia. Las leyes del caos son extrañas y caprichosas y lo que en principio es difuso y errático va encajándose con precisión, adquiriendo coherencia propia quizás de forma inconsciente para el autor (o puede ser que a través de su inconsciente, quién sabe). Las notas cacofónicas conforman poco a poco una melodía, que se va plasmando en una corrosiva visión de la sociedad de los 80, de la revolución neoconservadora de la época Reagan y de los odios que resucitó, en forma paralela a una aterradora reflexión sobre la soledad del ser humano.
Brown se encuentra lejos todavía de entrar en su madura introspección autobiográfica de obras posteriores, pero deja ya evidentes pistas como para anunciar el autor que vendrá después. Su narrativa y dibujo todavía son toscos, pero se observa un evidente interés por la secuencia y la elipsis, manejadas con cierto atrevimiento no falto de soltura. Pese a sus errores lógicos de principiante Ed, el payaso feliz, sigue siendo una obra sugerente e hipnótica, casi treinta años después de su concepción. De hecho, es triste comprobar como muchas de sus argumentaciones y críticas siguen siendo válidas en la sociedad del recién nacido siglo XXI. (3)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation