Lecturas. Hulka

Aparece el Hulka de Dan Slott y Bobillo en castellano y yo aprovecho para reciclar una reseña de hace casi un par de años… Por cierto, que la edición de Panini es impecablemente igual a la americana. Vamos que está muy bien.

También verde es la She-Hulk de Dan Slott y Juan Bobillo, personaje éste que parece estar ligado a una cierta tolerancia a que los autores hagan con él lo que les dé la gana. Si en su día Byrne ya remodeló el personaje con una serie cómica bastante inspirada y graciosa (alabada por muchos por las supuestas “innovaciones” formales introducidas por Byrne que no eran sino “prestamos” de muchísimas otras series, pero que funcionaban a la perfección en su conjunto), toca ahora el turno a estos dos autores poco conocidos en el mainstream por la época en que se estrenó la serie, que se atreven a ir más allá del género y darle una nueva vuelta de tuerca que mezcla el en este caso las tan famosas series de abogados televisivos, en especial Ally McBeal, con el de superhéroes en un pastiche divertidísimo. Slott juega bien sus bazas e introduce a Jennifer Walters, la versión “humana” de Hulka en un despacho de prestigiosos abogados encargado de casos “rarillos” con protagonistas superheroicos, mostrando la trastienda de las grandes luchas en modo similar a aquella divertida serie que fue Damage Control. Con habilidad, Slott enfrenta a los superhéroes a lo más rutinario y mundano del mundo real: el papeleo, los jurados, las denuncias y recursos que el ser humano normal y corriente, consiguiendo de ese contraste gags divertidísimos, muchos obtenidos gracias al gran conocimiento del guionista del universo Marvel. Eso sí, sin olvidar en ningún momento que está en un tebeo de superhéroes, llevando a Hulka a mamporrearse sin cesar con quien haga falta. Diálogos chispeantes y una ironía inteligente que impregna toda la serie, con un sano espíritu de irreverencia que lejos de insultar al género le abre nuevas puertas. Pero pese a la buena labor de Slott, ésta no tendría ningún sentido sin la fundamental contribución de Juan Bobillo, un dibujante que sabe jugar con la expresividad de los personajes y de la puesta en escena, aumentando y multiplicando espectacularmente el efecto del gag en un excelente y elegante trabajo. De hecho, en los dos episodios dibujados por Pelletier la serie pierde su gancho precisamente por la poca capacidad para la comedia (y otros menesteres) de este dibujante.
Una serie muy divertida y muy recomendable. (2+)