Lecturas. Puede que esta vez

Sonia Pulido es una de mis ilustradoras favoritas. Casi me atrevería a decir que, con el permiso de algunos dioses del Olimpo de la ilustración, es mi ilustradora preferida hoy en día. Me encanta su concepción narrativa y simbólica del dibujo, deudora de la mejor escuela madrileña de los 80, con Javier de Juan a la cabeza, un autor con el que tiene muchas conexiones.
Así que podéis imaginar que tenía muchísimas ganas de leer Puede que esta vez, su primer álbum de historieta, que parte de un guión de Xavier Doménech para abordar una reflexión jocosa y optimista sobre cuántas oportunidades le debemos dar al amor. Una obra que, todo sea dicho, me despertaba tanto interés como temores. El primero, justificado por la frase con la que abría esta reseña; los segundos, porque una cosa es la ilustración y otra la historieta. Son lenguajes primos hermanos, es cierto, pero diferentes, que juegan con recursos tan distintos como aparentemente similares. El peligro de no saber pasar de uno a otro es siempre recurrente en el caso de los ilustradores que hacen historieta y, de ahí, mis (creo que lógicos) recelos.
Y la verdad es que el resultado en este caso es tan ambiguo como sugerente, ya que Sonia Pulido ha logrado un cóctel mestizo entre ambos lenguajes que funciona con bastante eficacia. No se puede decir que Puede que esta vez sea una historieta en tanto en cuanto no usa expresamente el dibujo con una concepción narrativa secuencial, sino que las viñetas son una sucesión de ilustraciones que acompañan el texto. Pero, paradójicamente, estas viñetas son extraordinariamente narrativas de forma individual, siguiendo esa tónica de simbolismo que practica esta autora. A lo que hay que añadir un segundo nivel narrativo que se logra con la composición de página (y de grupo de páginas), que establece una secuencia temporal lógica. Es decir: es un tebeo…y no es un tebeo. Usa recursos de la historieta (la composición de página marca la secuencia temporal), pero la viñetas no son parte de la secuencia, sino que son elementos narrativos aislados.
Al final, que es lo que importa, el resultado funciona eficazmente y transmite esa alegría que invita a nunca cerrar puertas al amor, a dar siempre una segunda oportunidad a las relaciones, consiguiendo lo que posiblemente le costaría más a una historieta pura o a un relato ilustrado puro: hacer llegar al lector emociones y sentimientos. Un goce visual, excelentemente editado por sins entido y del que sólo siento que no haya sido en color, habida cuenta del particularísimo y sugerente universo cromático de esta autora. (2)

I Premio Josep Coll de Álbum Ilustrado

La Associació d’Illustradors de Catalunya (APIC) presenta el próximo 14 de Noviembre en la FNAC Triangle de Barcelona el I Premi Josep Coll d’Album Illustrat. Al acto asistirán Horacio Altuna, presidente de la APIC, Berta Sureda, gerente de la Entitat Autònoma de Disfusió Cultural), F. Xavier Menéndez,Director del Serveis Territorials de Barcelona del Departament de Cutura de la Genralitat, Joan Navarro, director de Ediciones Glénat y Antonio Guiral, coordinador del premio.

Novedad de Dolmen Noviembre

Casi se me pasa…

(*)- COMICS MADE IN SPAIN, de Koldo Azpitarte. 288 páginas. B/N PVP: 15,95 euros.
¿Quieres saber cómo llegaron Carlos Pacheco , Salvador Larroca , Paco Díaz , Pasqual Ferry o Carlos Ezquerra (dibujantes de Spiderman, Juez Dredd, Superman o los X-Men) a ser algunos de los dibujantes más internacionales de la historieta española? Comic Books Made in Spain narra de un modo ameno y accesible la historia que hay detrás de los primeros artistas españoles que consiguieron dibujar para Marvel y DC, transformándose en algunos de los dibujantes de superhéroes más populares del momento, a través de entrevistas en profundidad en las que se repasa la carrera de cada autor y en las que nos explican sus técnicas de dibujo con todo detalle, desde el guión al acabado final. Un libro profusamente ilustrado que hará las delicias de todo aficionado al comic book USA, desde el lector ocasional al aspirante a profesional.

Lectura de un narraglifo picto-ensamblado: Ice Haven

Aprovecho la reedición de Mondadori de Ice Haven para releer esta magistral obra de Clowes (en su edición americana, no cuento todavía con la española) por enésima vez, lo que me permite rehacer y ampliar la reseña que hice hace un año por estos lares y, sobre todo, cambiar la nota que le puse inicialmente, quizás excesivamente conservadora o quizás demasiado apresurada:

Se puede a estas alturas renovar el lenguaje de la historieta? La respuesta es obvia: sí.
No sólo se puede, sino que el lenguaje de la historieta es lo suficientemente joven como para necesitar que una constante innovación, una búsqueda incesante de nuevos caminos y recursos. Una tarea arriesgada, que no siempre puede ser asumida por los autores, pero que, paradójicamente, cuenta con firmes seguidores en este primer lustro del milenio. Es bien conocido que en los 90 el mainstream (en general, aplicable a la BD, al americano, etc) siguió a otras formas culturales, como la música, en su caída en barrena hacia la apatía creativa absoluta y el desprecio al autor y su obra, que pasaba a ser un producto con la misma consideración que una hamburguesa de McDonalds. Una situación lamentable que contrastaba con la obra de algunos autores que luchaban por defender la dignidad del medio, investigando y renovando su lenguaje. Algunos desde dentro del mainstream, como Howard Chaykin, otros desde la independencia absoluta, como Chris Ware, Dan Clowes en los USA o David B. en Francia. Sus obras pueden gustar más o menos, pero nadie puede negar que suponen pasos adelante en el estudio de las posibilidades del lenguaje de la historieta.
Y un gran ejemplo de esta línea es, Ice Haven, de Dan Clowes (Mondadori), una soberbia vuelta de tuerca en la que el creador de Eightball vuelve a demostrar hasta dónde es posible llegar con la historieta. El secuestro del pequeño David Goldberg en el pueblecito de Ice Haven es la excusa argumental que usa Clowes para construir una magistral y compleja reflexión sobre el ser humano, sus motivaciones y la creación. Orquestada a través de multitud de personajes a los que vamos acercándonos de forma aislada, con pequeñas apariciones de apenas dos páginas en las que levemente accedemos a la realidad, Ice Haven va creándose sobre sí misma, a modo de puzzle que va definiendo la forma que esconde a medida que colocamos cada pieza, pero logrando que cada una de ellas mantenga su invidualidad. Una exquisitez de tantas capas como el lector quiera desgranar, en la que cada historia individual es un análisis cruel y certero de las verdaderas razones y miserias que mueven al ser humano, y que adquiere, pasmosamente una unidad final, en apariencia intrascendente. Una radiografía del hombre que, personalmente, creo se refiere a sí mismo, en un malabarismo genial en el que el autor se mira en el espejo y se ríe de sí mismo, se satiriza y se utiliza como arma arrojadiza contra el resto de la humanidad (episodios como “Vida goes to Hollywood” son claras referencias a su éxito en comic y cine, por ejemplo, y el personaje del crítico Harry Naibors no deja de ser un alter ego que expresa sus opiniones sobre el medio). Pero es que, paralelamente, Clowes consigue articular en su obra una invectiva mordaz a la crítica, pero también al concepto mismo de qué es el arte, a la falsa motivación del que quiere crear pero no puede y al que lo hace casi sin ser consciente. Un puñetazo contundente a la boca del estómago de aquellos que toman la pose creativa como ejemplo máximo del arte.
Y todo esto lo hace renovando el lenguaje de la historieta, tomando elementos y recursos bien conocidos para darles una nueva funcionalidad. Para conseguir ese efecto de narración caleidoscópica y distante, Clowes elige para narrar desde diferentes puntos de vista una estructura similar a las de los suplementos de planchas dominicales de los periódicos americanos. Cada personaje se convierte, en una pirueta metalingüística, en personaje de su propia serie, que va narrando su historia “semana a semana”. Hay incluso un tratamiento temporal entre los hechos que cuenta cada “serie” muy similar al utilizado por los autores de las tiras más famosas, desde la continuidad a elipsis argumentales perfectamente milimetradas. En las diferentes “series”, Clowes opta por un tratamiento gráfico distintivo, con claras reminiscencias de las tiras clásicas a las que homenajea (con Peanuts a la cabeza, obviamente), pero con una economía de estilo espectacular. Hay unidad en su trazo, pero apenas unos pequeños cambios consiguen que el efecto en el lector sea de profunda diferencia.
Sin embargo, si bien usa estos recursos clásicos, les da una nueva perspectiva, cambiando radicalmente su uso previo. Hay claras diferencias en este uso de la narrativa, alejado en muchos casos de la bien conocida de los “sundays” americanos, más próxima a la composición y planificación del tebeo americano moderno, generando una fractura estilística-narrativa que es aprovechada, paradójicamente, para romper el esquema clásico narrativo secuencial del comic-book (recordemos que, originalmente, esta historia se publicó en el número 22 de Eightball en formato comic-book, que fue remontado y reelaborado por el autor para la edición en libro de mitad de tamaño, un “cómic en formato extenso”, como dice Clowes, que rechaza de plano el término novela gráfica) . Un camino nuevo, bastardo entre ambos formatos, un “narraglifo picto-ensamblado” (Naibors dixit) en el que Clowes consigue ese efecto de rompecabezas disperso que, poco a poco, va consiguiendo una narración poliédrica fascinante.
Para el aficionado a la historieta, leer Ice Haven es todo un reto, un ejercicio monumental de análisis y estudio sobre las intrincadas y sutiles variedades narrativas que Clowes va incorporando a cada paso, a cada página. Pero además, para cualquier lector, es una de las lecturas más estimulantes que servidor pueda recordar en muchísimo tiempo, que permiten tantos niveles de lectura como nuevos acercamientos se hagan a la obra, desde la simple reconstrucción ficticia del famoso crimen de Leopold y Loeb hasta una de las más brillantes deconstrucciones del arte y la creación que haya leído. Sea cuál sea el nivel al que se acceda, el resultado es meritorio.
Una obra magistral para releer continuamente, que asienta a Clowes en el santoral de los mejores y más fundamentales autores de la historia del cómic (5).
P.D: Por favor que alguien se acuerde de esa maravilla que es Eightball #23
Enlaces:
Entrevista en Suicide Girls
La más completa bibliografía de Clowes
Una entrevista a Clowes en mp3
¡Un salvapantallas de Ice Haven!
Entrevista traducida en Entrecomics
– Reseñas: Flak Magazine, Pop Matters, Time.com, Tirafrutas