¿Quién tira la primera piedra?

Si La Cúpula montase un circo, no es que le crecerían los enanos, es que montarían un equipo de baloncesto de la NBA, mientras que los trapecistas descubrirían su vocación de espeleólogos, los domadores se harían Hare Krisnas y los payasos ingresarían en una orden de monjes de clausura. Eso, como mínimo.
Tras el desastre de la edición de Agujero Negro, en la que el remedio resultó peor que la enfermedad, ahora vuelven a tropezar en la misma piedra en la edición del Louis Riel de Chester Brown, que ha aparecido con la página 111 en negro. Me consta que la editorial, tras el desastre anterior, había cuidado mil y una vez esta edición pero, al final, por un problema esta vez de imprenta, la edición ha aparecido en las librerías con un error desastroso. Independientemente de que la culpa sea de la imprenta, es evidente que La Cúpula ha cometido el garrafal error de no repasar el libro una vez impreso, dejándose llevar por las prisas de que el tebeo estuviese en la Expocómic, lo que conlleva una magnificación todavía mayor del problema. No es aislado, muchas editoriales han sufrido errores similares (por ejemplo, Planeta, que ha tenido que retirar muchas de sus novedades por errores de edición), pero se han dado cuenta antes de que el lector hubiese pagado el ejemplar, lo que evita el razonable y justo cabreo de quien ha pagado por un producto defectuoso.
Da igual que la obra esté exquisitamente reproducida o que la traducción de Montserrat Terrones sea de lo mejor que se ha visto en España, el resultado es un libro incompleto y eso será lo que juzgue el lector.
El problema que se añade a la situación es que llueve sobre mojado y, tras el horrible resultado de la solución por la que se optó para Agujero Negro, la editorial ha perdido totalmente la confianza del lector, que ahora irá con pies de plomo ante las próximas novedades de la editorial.
No voy a esconder mi querencia hacia la gente de La Cúpula. Me caen bien desde que soy lector de El Víbora y tengo un cariño especial hacia la editorial, por muchas cagadas que hayan hecho en el pasado (que las ha hecho, y mayores). Pero igual que dije con Agujero Negro, digo ahora: el mayor castigo a este error es tan sencillo como no comprar el libro. Y que se abra la veda de mi persona otra vez, que se me acuse de vendido, se me vilipendie o se me insulte, me da igual. Es lo que pienso y lo expreso con absoluta sinceridad. Que conste que me jode todavía más la situación en tanto en cuanto es un libro que yo había prologado con muchas ganas (sin cobrar, que nadie piense que me llevo algo por eso, aunque más de uno lo pensará).
Es evidente que, tras el error de Agujero Negro, la solución no puede ser de nuevo una chapuza, sino que pasará obligatoriamente por la repetición de la tirada. Una opción cara, que debería afrontar la imprenta habida cuenta de su error, pero que, aún realizándose correctamente y cambiando los ejemplares, no conseguirá en modo alguno aliviar el daño que se ha hecho en la confianza del lector hacia la editorial.
El problema es que, además, empieza a no ser un caso aislado. Cada vez con mayor frecuencia, las editoriales cometen fallos garrafales en sus ediciones, en algunos casos graves como el de La Cúpula, en otros quizás más perdonable por parte del lector, pero que no dejan de ser importantes negligencias de cara al lector y la obra. Mirando las ediciones de esta navidad, tenemos desde obras en las que, sencillamente no se puede ver lo impreso, como el Lupin III de Mangaline, a fotocopias de mala calidad como las que aparecen en el 20th Century Boys de Planeta, pasando por los molestos moirés en todas las tramas de El Rompenieves que ha editado Bang o el negro convertido en gris del Juez Dredd de Kraken. Eso sin contar los errores en la traducción, habituales ya por desgracia en prácticamente todas las editoriales o las rotulaciones nefastas, como las del citado Rompenieves (que se carga la rotulación a mano del original por una mecánica), las de obras como Ice Haven o Poema en Viñetas con la terrible Comic Sans o, casi peor, las horribles rotulaciones de las ediciones de álbumes de Kraken de Spirou y Pedro el Coatí, que casi hacen añorar la rotulación mecánica de Bruguera.
Eso sólo en las ediciones de este mes. Y me quedo corto, porque los errores aparecen en casi todas las editoriales.
No me voy a convertir aquí en justiciero que demande una pulcritud extrema, conozco bien los mecanismos de la edición y sé que es lo suficientemente complejo y difícil como para que sea casi imposible evitar que se cuele algún gazapo. Pero una cosa son los famosos “duendes de la imprenta” y otra muy distinta el error sistemático, continuado. No me importa ver errores de vez en cuando, son humanos y lógicos, pero me molesta que el error se repita una y otra vez sin que a nadie en la editorial parezca importarle. Porque es fácil de ahí interpretar una falta de respeto al lector y a la obra.
Las razones son, en muchos casos, fáciles de entender: la locura publicadora que nos invade es incompatible con los escasos recursos humanos de las editoriales. Pero una cosa es que se entienda y otra, muy distinta, que sea perdonable.
El lector y las obras se merecen un respeto que las editoriales deben cuidar. Pero tampoco esto significa que las editoriales sean perversas y malas y que busquen engañar al lector, sino que se ha entrado en una dinámica de la que hay que salir como sea, volviendo poner la calidad de la edición por encima de todo. Y eso no va sólo por las editoriales, sino también por los lectores, que deben entender que ese cuidado se traducirá en un aumento de los costes.

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