Lecturas. El pequeño Spirou

Señoras y señores, en pie ante uno de los monumentos de la historieta de los últimos tiempos. Si en su día Tome y Janry demostraron ser los mejores continuadores de la labor de Franquin en Spirou, con esta serie derivada de la anterior, que narra las andanzas y travesuras de la infancia del personaje, logran lo que se puede considerar, sin ninguna duda, como una de las cumbres de la BD de humor francobelga de las últimas décadas: El pequeño Spirou. Dibujante y guionista, en complicidad conspirativa, han sabido trasladar a las viñetas el espíritu puro de la travesura infantil de manera magistral, sólo superada por el inalcanzable Bill Watterson. Cuales alquimistas, han encontrado la fórmula de la piedra filosofal con una mezcla exacta y precisa de ingenuidad, mala leche, picardía y un punto de nostalgia, plasmada en papel con un sentido del ritmo y del gag cómico casi perfecto, que suma las mejores lecciones de maestros como Chuck Jones, Schultz o Quino. Del primero han aprendido cómo la expresividad de los personajes es la clave para el éxito de la comicidad de un gag. De los segundos han sabido tomar buena nota de la importancia del desarrollo de personajes y de dotar al protagonista de una pandilla de secundarios que sepa hablarle de tú a tú y que puedan ser cómplices perfectos de sus algarabías, pero siempre con una personalidad propia e independiente que los defina. Lecciones a las que añaden una propia: la sabia incorporación del elemento nostálgico, que dota a las aventuras de los niños de una base de realidad que provoca en el lector adulto una inmediata componente de complicidad.
Leer las aventuras de El Pequeño Spirou es uno de esos placeres que debería estar dentro de la cobertura de cualquier sistema sanitario que se precie de velar por la salud mental de los ciudadanos. Es un bálsamo perfecto contra la depresión del día a día, una inyección de humor que reconstituye más y mejor que todos los mejunjes de bífidus activo del mundo.
Haceros un favor, y compradlo.
Eso sí, señores de Kraken, nuevo tirón de orejas ante la espantosa fuente elegida para la rotulación, a años luz de la rotulación manual original. (4+)

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