La edición de Krazy Kat

Para los Krazymaníacos como yo, la noticia de que Planeta editaría Krazy Kat nos puso el corazón en un puño. Por un lado, la emoción de saber que nuestro amadísimo Herriman por fin vería la luz en forma cronológica en España. Por otro, cierta desconfianza hacia la editorial que tomaba el reto, conocido que sus ediciones no siempre son una maravilla, con la dificultad añadida de las dificultades de traducción de la obra.
Por fin, con el primer ejemplar de la colección en la mano, ya se puede hablar con conocimiento de causa. Comencemos:

Lo mejor: la edición y el precio.
Planeta ha seguido fielmente la edición recopilatorio que está haciendo Fantagraphics en los EE.UU. La calidad de reproducción es tan impecable como la americana y las dos diferencias que existen respecto a la original se compensan: mientras que el papel de la edición americana, de tono ahuesado, proporciona un resultado más elegante que l blanco utilizado en la española (pero de similar gramaje y calidad), a cambio Planeta ha optado por realizarla en tapa dura, frente a la rústica de la edición americana, con un precio final excelente. Una cosa por otra, pero al final, la editorial española pasa con nota este aspecto.

Lo indiferente: la traducción
Muy difícil los tenía J.M.Pallarés (con la supervisión de Sue Burke) en esta traducción. O muy fácil, porque los aficionados a Krazy sabemos que no es que sea difícil traducir esta obra. Es sencillamente imposible.
Traducir la obra de Herriman tiene las mismas dificultades e inconveniente (o más) que la traducción de poesía: Herriman jugaba con el lenguaje, inventando palabras, creando composiciones fonéticas, de una musicalidad única, plena de juegos de palabras de doble y triple sentido. Krazy es una obra de arte integral, no sólo en el dibujo, sino en lo literario. Las opciones de traducción, al igual que en poesía, son dos: una traducción literal, que transcriba el sentido de lo escrito o una adaptación, en la que, aunque se cambie en muchos casos el contenido, se mantengan los aspectos formales. Cada escuela de traducción optará por una de las opciones, con argumentaciones razonables en ambos casos… Pero en las dos el resultado nunca satisfará al lector.
En este caso se ha optado por la primera de las opciones (personalmente, es mi elección preferida), pero en este caso, suele ser aconsejable reproducir también la obra en idioma original. Un ejemplo de esta elección es la traducción de Óscar Palmer de las obras de Edward Gorey en Valdemar, donde se incluye al final de cada obra, en tamaño reducido, la obra original. En este caso, la inclusión de toda la obra en inglés al final de la obra, reproducida a menor tamaño (se podrían poner dos planchas por página, o incluso cuatro), supondría un aumento del precio del álbum, pero se ganaría muchísimo en la calidad final de la edición. Por lo demás, la labor de Pallarés y Burke es, en general, bastante aceptable, teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado. Se pueden criticar algunas opciones de traducción (Ofissa Pup se ha traducido por Agente Cachorro, por ejemplo, es correcto, pero extraño cuando se ha dejado el nombre Krazy Kat en inglés), pero los resultados son dignos ante lo titánico de la tarea.

Lo peor: la rotulación.
Una de las características más personales de la obra de Herriman es cómo juega con la rotulación para marcar el ritmo de la lectura. Evidentemente, este aspecto obliga a que cualquier edición de la obra en otro idioma tenga que optar por una rotulación manual para que sea realmente fidedigna con la obra original, encareciendo lógicamente los costes de edición. En el peor de los casos, siempre se puede crear una fuente con la letra de Herriman (lo que no es trabajo sencillo) y jugar con las características tipográficas para asemejar al máximo la obra original.
Desafortunadamente, Planeta ha optado por la peor de las opciones: rotular con una fuente que no se parece en nada a la original, con el añadido de que siempre es del mismo tamaño. Como se puede ver en las dos imágenes que muestro, el resultado de la rotulación es, sin duda, el aspecto más deficiente de la edición, que cambia en muchos casos el sentido de lo que se lee.
Espero que Planeta mejore este punto en las siguientes entregas de esta obra maestra.

Una valoración final
No se puede decir que sea una mala edición, pero se puede mejorar mucho. Entiendo que incluir la obra original es complejo y, seguramente, imposible según las condiciones de contrato (hay editoriales que exigen en sus contratos que las características de edición páginas, artículos, etc- sean iguales a las originales), pero el cambio de la rotulación es casi una necesidad imperiosa. De momento, un voto de confianza hacia la editorial. El simple hecho de afrontar la edición de esta obra es, a mi entender, un gigantesco riesgo (dudo, por mucho que me guste y que yo la recomiende, que esta obra tenga números de venta que vayan mucho más allá de lo discreto) y se nota que han cuidado la reproducción. Sin embargo, y teniendo claro que con esta edición se busca más el prestigio que la rentabilidad, es preferible que la edición sea perfecta y cuidar al máximo estos detalles. Poco importa que valga 3 o 5 euros más, porque el que compre este álbum busca, precisamente, esa edición perfecta de una de las cumbres del tebeo de todos los tiempos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation